El avance de sistemas estabulados, robótica y selección genética adaptable comienza a transformar los tambos extrapampeanos con Salta como una de las regiones de mayor crecimiento.
Mientras la lechería argentina redefine su estructura productiva, con menos tambos, pero establecimientos cada vez más eficientes, las regiones extrapampeanas comienzan a consolidarse como una alternativa de crecimiento para el sector. En ese contexto, Salta se posiciona como una de las provincias con mayor potencial productivo gracias a la calidad genética de sus rodeos y a condiciones climáticas que favorecen el desarrollo de la actividad.
En ese marco, Vicente Argoitia, gerente de Producto Leche de Ciale Alta -empresa argentina especializada en mejoramiento genético bovino e inseminación artificial-, destacó el potencial de la producción lechera extrapampeana y aseguró que Salta es una de las zonas con mayor riqueza genética del país.
“Siempre les digo e insisto mucho a los productores en que la genética ya la tienen; ahora hay que trabajar sobre el confort y el manejo para que esa genética pueda expresarse”, afirmó.
Además, remarcó las ventajas climáticas de la provincia para el desarrollo de la actividad. “Es una zona que particularmente me gusta por el clima. Hay meses de lluvias abundantes, entre noviembre y mayo, pero después cuentan con siete u ocho meses de amplitud térmica y condiciones secas que otras regiones productoras. Por eso creo que es una zona que año tras año va a seguir creciendo en producción y en cantidad de animales”.
Sobre las instalaciones y adelantos tecnológicos en los tambos. Argoitia detalló que a hace tres o cuatro años empezó a ver tambos que comenzaron a trabajar con galpones, cama fría y sistemas de cama compost. “También hay productores que están incorporando robótica”
Y agregó: “Veo un avance tecnológico y también en términos de confort animal. La única forma de que la genética se exprese es mediante un buen manejo y un buen confort. porque es la manera de que las vacas puedan expresar todo su potencial. Claramente veo un adelanto tecnológico importante entre los productores”.
Genética adaptable para distintos sistemas productivos
Sobre el vínculo entre genética y ambiente, el especialista remarcó que el manejo debe adaptarse a las condiciones y objetivos de cada establecimiento. “La ventaja es que la raza Holando cuenta con muchísima información disponible. La genética debe seleccionarse según el manejo que tenga el productor, el nivel de confort y hacia dónde quiere ir con su sistema”, explicó e indicó que hoy el trabajo genético ya no apunta únicamente a aumentar litros de leche, sino también a desarrollar animales adaptables a distintos modelos productivos.
“Actualmente podemos elegir genética que se adapte mejor a sistemas pastoriles, otra orientada a sistemas freestall -modelo de alojamiento diseñado para maximizar el confort y reducir el estrés del rodeo con el objetivo de mejorar la producción- y también genética más apta para robótica, con animales más dóciles, mayor velocidad de ordeñe y mejor conformación de ubre, que es lo que el robot necesita detectar rápidamente”, detalló
Uno de los puntos sobre los que más insistió fue la necesidad de seguir mejorando el sistema mamario de la raza. “La vaca está dividida en grandes partes: patas y pezuñas, grupa, estructura y ubre. Y siempre insisto en que la única forma de poder cosechar producción de leche y sólidos es mediante un buen sistema mamario, una buena ubre”.
Argoitia detalló que todavía existen aspectos estructurales que continúan generando problemas productivos. “Hoy, tanto a nivel mundial como en el país, todavía hay cosas para corregir en el sistema mamario. Principalmente hay que enfocarse en la ubre anterior. Uno de los problemas más frecuentes cuando aparecen descartes por ubre es justamente el desprendimiento de ese ligamento”, indicó.
El gerente de Producto Leche de Ciale Alta señaló que la selección genética realizada durante décadas generó nuevos desafíos. “Naturalmente, la raza tenía ubres más profundas, con pezones largos y hacia afuera para facilitar el amamantamiento del ternero. Con el paso de los años, la selección genética fue modificando eso para lograr una ubre más funcional, con menos lesiones y mayor capacidad de almacenamiento de leche. Pero, de tanto trabajar sobre la colocación y el largo de los pezones, hoy en algunos casos eso terminó convirtiéndose en un defecto”, explicó.
La genética de carne empieza a entrar en los tambos
Argoitia destacó el crecimiento de programas de Beef on Dairy, una estrategia que consiste en utilizar genética carnicera sobre vacas lecheras para agregar valor a los terneros machos o a animales de menor valor genético. “Es un programa que ya está consolidado en Estados Unidos y que también comienza a implementarse en nuestros tambos”, señaló.
“Un programa de cruzamiento entre razas lecheras y de carne tiene que ir necesariamente de la mano de la genómica. Necesitamos saber con exactitud cuáles son los mejores animales para trabajar con semen sexado y cuáles son aquellos de menor valor genético donde conviene incorporar genética carnicera”, afirmó
Y advirtió: “Hay que ser muy cuidadosos porque podemos quedarnos sin reposición en muy poco tiempo. Si comenzamos a usar genética de carne y no tenemos un buen control de la guachera, de la reproducción y de la tasa de preñez, puede llegar un momento en que falten animales lecheros para reposición”.
En ese marco, indicó que algunos tambos argentinos ya comenzaron a experimentar con cruzamientos utilizando razas adaptadas a ambientes más exigentes. “Acá ya hay algunos tambos que empezaron a trabajar, a modo de prueba, con cruzamientos utilizando Brangus y Limangus. Nosotros además estamos incorporando una raza llamada Stabilizer, que combina Angus negro, Angus colorado, Simmental y una raza alemana de doble propósito”, explicó.
El objetivo es generar animales con mayor fertilidad y mejor adaptación sin perder eficiencia productiva. “Desde el punto de vista reproductivo no habría inconvenientes en utilizar este tipo de combinaciones o cruzamientos”.




