Inicio Economías Regionales El “otro agro” exporta más, pero con un escenario menos favorable

El “otro agro” exporta más, pero con un escenario menos favorable

Para el IERAL las producciones del interior atraviesan una etapa marcada por menor tipo de cambio real y precios externos más débiles.

Un informe del IERAL puso el foco en las economías regionales, a las que define como el “otro agro”: producciones del Interior que suelen quedar fuera de la mirada concentrada en soja, maíz, trigo o carne, pero que resultan decisivas para muchas provincias.

El trabajo, elaborado por Jorge Day, responsable de la sección Regional de la entidad, advierte que estas actividades enfrentan un escenario menos favorable que el de años atrás. El diagnóstico combina tipo de cambio real más bajo, precios de exportación por debajo de sus máximos históricos y una recuperación de cantidades exportadas importante, aunque muy desigual entre productos.

Ese universo incluye vinos, frutas, legumbres, ajo, arroz, yerba mate, jugos, aceite de oliva y otros productos agroindustriales. A diferencia de los grandes granos, muchas de estas actividades operan con escalas menores, están más alejadas de los puertos y utilizan más mano de obra.

Además, buena parte de sus productos no son commodities homogéneos: tienen calidades, variedades, destinos y grados de diferenciación distintos. Por esas características, remarca el informe, su rentabilidad depende especialmente de los precios de exportación y del tipo de cambio real.

Cambio de escenario

Durante buena parte de la primera década de los 2000, esas actividades tuvieron un contexto relativamente favorable. El dólar era caro en términos reales y los precios externos tendían a crecer. El informe recuerda que en 2007 el tipo de cambio equivalía a más de 2.500 pesos actuales, una referencia que muestra la diferencia con el escenario presente.

Hoy ocurre casi lo contrario. El dólar real se mantiene en niveles relativamente bajos y los precios de exportación, descontada la inflación de Estados Unidos, están lejos de los máximos alcanzados a comienzos de la década pasada. Según el IERAL, en el primer semestre de 2026 los precios promedio del conjunto analizado se ubicaron, en términos reales, alrededor de un tercio por debajo de los registrados en 2013.

La caída no responde a una única causa. Cada producto enfrenta mercados distintos, con dinámicas propias de oferta, demanda, calidad y destino. Sin embargo, el informe identifica factores que se repiten.

Uno de ellos es el menor dinamismo de la demanda internacional, en especial de China, cuya expansión había sido un motor importante para numerosos alimentos. A eso se suma el aumento de la oferta mundial, tanto por mayores niveles de producción como por el ingreso o consolidación de nuevos competidores.

En algunos casos, además, la baja del precio promedio puede estar vinculada a cambios en la composición de las exportaciones, con mayor peso de productos o destinos de menor valor. En varios mercados aparece una combinación similar: demanda menos dinámica y oferta más abundante.

La sorpresa en las cantidades

Frente a ese cuadro, podría esperarse una reducción fuerte de las exportaciones. Pero los datos relevados por el IERAL muestran una particularidad: las cantidades exportadas se recuperaron luego de caer durante buena parte de la década pasada.

En el primer semestre de 2026, el índice agregado se ubicó en un nivel muy cercano al de 2013. El dato es relevante, aunque debe leerse con cuidado, porque la recuperación no fue homogénea. Algunos productos aumentaron sus volúmenes aun con precios más bajos, mientras otros siguieron retrocediendo.

En los casos de mejor desempeño, el informe menciona inversiones previas, mejoras de productividad, apertura de nuevos mercados o mayor inserción comercial. También influyen situaciones puntuales, como una menor oferta de competidores por problemas climáticos o productivos.

Sin embargo, esas ventanas no siempre son estructurales. Una mejora de precios originada en faltantes circunstanciales puede revertirse cuando otros países recomponen su producción. Del mismo modo, una actividad puede sostener o aumentar sus exportaciones durante un tiempo usando plantaciones, infraestructura y capacidad instalada ya existentes, aun con márgenes menores.

Por eso, advierte el análisis, mayores cantidades exportadas no necesariamente significan mayor rentabilidad. En algunos casos, el aumento de volumen puede ser una respuesta defensiva frente a precios más bajos; en otros, puede reflejar una mejora genuina de competitividad.

Sectores bajo presión

Entre los productos con peor desempeño, el informe destaca vinos fraccionados y manzanas. Ambos muestran disminuciones en los volúmenes exportados y precios reales débiles. Cuando una situación de este tipo se prolonga, el ajuste no queda limitado al comercio exterior, sino que se traslada hacia atrás dentro de la cadena productiva.

El caso del vino permite ver esa dinámica con claridad. Si una bodega recibe menos por el producto que vende, una forma de amortiguar el deterioro de su margen es pagar menos por la uva. De esa manera, parte del ajuste recae sobre el productor primario.

Algo similar ocurre en otras actividades frutícolas. Cuando el valor del producto final permanece deprimido durante varios años, disminuye el precio que puede recibir el productor. Si la rentabilidad sigue deteriorándose, se reducen las inversiones y comienza a salir superficie de producción.

Esa pérdida de superficie es una señal más preocupante que una caída puntual de exportaciones. Implica una contracción de la capacidad productiva y puede tener efectos más duraderos sobre el empleo y la estructura económica regional.

El desafío hacia adelante

Hacia adelante, el informe no prevé que el tipo de cambio aporte una mejora sustancial de competitividad en el corto plazo. El escenario macroeconómico apunta a un dólar real relativamente bajo, por lo que las economías regionales difícilmente puedan descansar en una recuperación cambiaria como motor principal.

En ese marco, algunas mejoras recientes de precios no resultan contradictorias, pero sí frágiles. En varios casos parecen responder más a una oferta ajustada en otros países, afectados por problemas puntuales de cosecha, que a una expansión firme de la demanda internacional.

La diferencia no es menor: una mejora impulsada por mayor demanda suele ser más persistente; una originada en faltantes transitorios puede desaparecer cuando la oferta mundial se normaliza. A la vez, las tensiones comerciales, los aranceles y la competencia entre países agregan incertidumbre.

La síntesis del IERAL es que el “otro agro” llega a esta etapa con fortalezas y debilidades. Los precios reales y el tipo de cambio son menos favorables que en la década de 2000, pero las cantidades exportadas mostraron una recuperación mayor a la esperada.

El punto crítico es que esa mejora no alcanza a todos por igual. Algunas actividades parecen haber respondido con más volumen, apoyadas en inversiones previas, eficiencia o nuevos mercados. Otras, especialmente vinos y manzanas, continúan en un ajuste que ya golpea a los precios de la materia prima y a la superficie productiva.

De acuerdo con el análisis del IERAL, sin una mejora cambiaria significativa, el desempeño futuro dependerá cada vez menos del dólar y más de la productividad, los costos, la diferenciación y la capacidad de competir en mercados exigentes. Para las economías regionales, el desafío será sostener exportaciones con más eficiencia, en un contexto donde vender más no siempre significa ganar más.