Desde el sector aseguraron que la provincia aún trabaja con bajos volúmenes de producción, lo que limita las exportaciones. Sin embargo, destacaron que la actividad puede resultar rentable con continuidad y manejo técnico.
La Provincia de Salta cerró una nueva edición de las jornadas realizadas en el marco de la Semana de la Miel, iniciativa impulsada a nivel mundial por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El evento, que comenzó el 14 de mayo y finalizó el sábado 23, tuvo como principal objetivo promocionar y revalorizar esta economía regional, fomentar el consumo de miel y atraer a nuevos productores.
En ese contexto, el Ministerio de Producción y Minería de Salta acompañó las actividades de la Semana de la Miel 2026, desarrolladas bajo el lema “Más miel, más vida”. Durante las jornadas se realizaron capacitaciones, muestras de indumentaria especializada, talleres de cocina, stands de venta y degustación de productos, además de visitas a apiarios.
Marcelo Cajaravilla, apicultor cafayateño y participante de las jornadas, contó que muchas de las personas que se acercaron al stand ubicado en el centro de la ciudad lo hicieron con sorpresa e interés por conocer más sobre la actividad. “Mucha gente preguntó por la ‘miel de moro’, que parece haberse hecho bastante conocida. Pero en realidad esa miel proviene de una melipona y se obtiene en cantidades muy pequeñas; prácticamente no se puede conseguir un litro porque se produce en gramos”, explicó.
“Falta mucha educación y concientización, y todos los apicultores trabajamos en eso”, señaló. Además, comentó que otro productor llevó miel de yungas, de color más oscuro, y que el público también se sorprendió por las diferencias entre variedades. “Todavía hay poco conocimiento sobre la diversidad de mieles”, sostuvo.
El desafío de organizar al sector
Sobre la situación de la apicultura en el NOA, Cajaravilla consideró que el principal desafío es la organización del sector. “Como ocurre con muchos productores del norte, el apicultor suele ser bastante individualista. Existe la Cooperativa Salteña de Apicultores, que es la que represento, y contamos con una planta de extracción en General Güemes. Pero nos cuesta sumar asociados”, explicó.
En esa línea, indicó que gran parte de los productores trabaja con pocas colmenas y que el desafío pasa por aumentar la escala productiva. “El principal problema en Salta es la baja producción y la necesidad de fomentar el consumo. Las mieles de Salta y Jujuy prácticamente no se exportan porque los volúmenes son reducidos y se destinan al mercado interno. En cambio, provincias como Tucumán o Santiago del Estero producen mayores volúmenes y pueden exportar”, detalló.
“Nos falta más agrupamiento”, remarcó Cajaravilla. Y aunque existe otra asociación de apicultores que impulsa distintas estrategias vinculadas a la promoción del consumo, aseguró que todavía se necesitan más colmenas y mayores incentivos económicos a nivel municipal, provincial y nacional.
Y agregó: “En San Carlos recientemente se recibió un extractor enviado por Nación y los productores están contentos. Sin embargo, se trata de productores muy pequeños, con apenas dos o tres colmenas”, afirmó.
El impulso a la apicultura cobra aún más relevancia luego de la apertura de cupos para exportar miel argentina a la Unión Europea.
“La apertura de ese mercado fue una excelente noticia. Antes teníamos un arancel del 17% y ahora se eliminó. Esa reducción representa una ventaja para el exportador. Esperemos que también se traslade al productor, porque eso mejoraría la competitividad de nuestras mieles frente a otros países productores como México, Brasil o Uruguay”, sostuvo.
Cuánto cuesta iniciarse en la actividad
El especialista explicó que un productor que desee iniciarse en la actividad de manera más industrial debería comenzar con alrededor de 50 colmenas. “Si hablamos de una o dos colmenas, ya estamos en un esquema más familiar, de autoconsumo o sustento”, indicó.
Además, señaló que no es indispensable contar con tierras propias. “Nosotros trabajamos mucho en la concientización sobre la importancia de los polinizadores. Vamos a los campos, hablamos con los productores y, en la mayoría de los casos, nos ceden un pequeño espacio para instalar las colmenas. Ahí la tierra no aparece como la principal inversión”, explicó.
Sin embargo, advirtió que sí existe un costo importante vinculado a la madera y al material vivo. “Hoy una colmena representa entre 50 y 60 mil pesos en madera, a lo que se suma la inversión en el núcleo, es decir, el material vivo. En total, una colmena completa puede costar entre 100 y 150 mil pesos”, detalló.
¿Cómo se recupera la inversión?
Sobre la rentabilidad de la actividad, Cajaravilla explicó que la producción es anual y que existen dos factores clave para lograr buenos resultados. “Primero está el manejo técnico, que es fundamental. En el norte las reinas tienen muchísima postura y eso genera un desgaste importante, por lo que hay que hacer recambios frecuentes y trabajar permanentemente sobre el núcleo”, explicó.
“Con ese manejo técnico logramos una producción anual de entre 25 y 30 kilos de miel por colmena. Hoy, en el mercado interno, el kilo de miel se vende alrededor de los 10 mil pesos, por lo que una colmena puede amortizarse en un año. Además, en el norte el material de madera tiene una vida útil cercana a los 15 años, así que la inversión termina siendo rentable”, concluyó.




