En mayo, el peso promedio llegó a 240 kilos por res, impulsado por estrategias orientadas a mejorar la eficiencia productiva.
La ganadería argentina alcanzó en mayo un dato que no se registraba desde hace décadas: el peso promedio de faena llegó a los 240 kilogramos por res, el valor mensual más alto de los últimos años y un indicador que refleja una mejora en la eficiencia productiva del sector.
Según informó la Secretaría de Agricultura de la Nación, durante los primeros cinco meses de 2026 el peso promedio de la res bovina se ubicó en 236 kilogramos, es decir, seis kilos más que en el mismo período de 2025. Si la comparación se realiza únicamente entre mayo de este año y mayo del año pasado, el incremento alcanza los ocho kilogramos por animal.
Detrás de esta evolución aparecen distintos factores vinculados a las decisiones productivas. Uno de ellos es la favorable relación entre el costo de la alimentación y el valor del kilo vivo, que generó incentivos para extender los ciclos de engorde y sumar más kilos antes de la venta.
A esto se suma un mayor alargamiento de la recría, una etapa considerada clave para incorporar peso de manera más eficiente antes del ingreso a la terminación. En paralelo, los corrales de engorde muestran niveles récord de ocupación, reflejando una mayor disponibilidad de animales en proceso de finalización y una estrategia orientada a maximizar el rendimiento.
Desde el sector también destacan que estos resultados comienzan a consolidarse en un contexto de mayor previsibilidad relativa para la actividad. La estabilidad de algunas variables económicas y una mejor capacidad para proyectar inversiones y ciclos productivos favorecen la toma de decisiones de largo plazo, especialmente en una actividad cuyos resultados se construyen durante varios años.




