Inicio Clima El Niño ya se siente: así evolucionará el clima hasta el otoño

El Niño ya se siente: así evolucionará el clima hasta el otoño

El fenómeno ya alcanzó una intensidad considerable y se prevé un aumento de la actividad durante la primavera y el verano, con zonas de mayor riesgo de tormentas severas.

En un nuevo informe difundido a través de Cassandra Agris, el agrometeorólogo Eduardo Sierra analizó la situación actual de los océanos y advirtió que el clima del Cono Sur atraviesa una etapa de transición, con un fuerte calentamiento en el Pacífico que convive con la persistencia de la fría corriente de Malvinas. Para el especialista, El Niño ya alcanzó una intensidad considerable y sus efectos irán ganando presencia a medida que avance la primavera.

Al observar las anomalías de temperatura de los mares, Sierra destacó el marcado calentamiento frente a las costas de Perú y Ecuador, en la zona Niño 1+2, donde se registran valores de hasta +3,2 °C. Sin embargo, aclaró que se trata de un fenómeno localizado y que el indicador utilizado para evaluar el comportamiento global de El Niño es la región Niño 3.4, ubicada en el Pacífico Ecuatorial central, donde la anomalía llegó a +1,8 °C.

“Para ser Niño alcanza con 1, así que estamos en el Niño y es un episodio de una intensidad grande”, sostuvo. Sierra consideró que el fenómeno ya puede ser ubicado dentro de los eventos de mayor intensidad, en una categoría comparable con los registrados en 1982-83, 1991-92, 1997-98 y 2015-16. No obstante, marcó una diferencia con algunos pronósticos más extremos: por ahora no se encuentra en el nivel de un súper Niño catastrófico.

El frío de Malvinas todavía limita sus efectos

Mientras el Pacífico continúa calentándose, el escenario regional mantiene otro protagonista. La corriente de Malvinas presenta una anomalía de -2,3 °C y se extiende hacia el norte, casi hasta Río de Janeiro. Esta circulación fría favorece el ingreso persistente de aire húmedo y mantiene al Cono Sur bajo condiciones que todavía limitan la expresión plena de El Niño.

Aun así, Sierra ya identificó algunas señales tempranas del cambio. Entre ellas mencionó las nevadas en la Cordillera, que comenzaron recién en julio después de un otoño con pocos episodios, y las lluvias fuertes registradas en la alta cuenca del río Paraná. El incremento de los caudales resulta particularmente llamativo porque agosto y septiembre suelen ser meses en los que los grandes ríos atraviesan una etapa de descenso.

Primavera y verano, con mayor actividad

El especialista también analizó la perspectiva de tormentas severas para los próximos meses. Durante lo que resta del invierno y hasta comienzos de octubre, las mayores probabilidades se concentran en la alta y media cuenca del Paraná, donde el mapa muestra áreas con hasta 90% de probabilidad de tormentas severas. Allí, además de lluvias intensas, pueden presentarse fuertes vientos, granizo y actividad eléctrica.

En buena parte del resto del área agrícola, las probabilidades se ubican entre el 25% y el 50%, lo que no significa ausencia de tormentas, sino una mayor tendencia a que sean fenómenos localizados. El escenario cambiaría durante la primavera, cuando la influencia de El Niño comenzaría a extender las zonas de mayor actividad hacia el sur de Brasil, Uruguay, la Mesopotamia, el norte de Santa Fe y algunos sectores de la cuenca del Salado. En Cuyo y la Cordillera también podrían aparecer tempranamente episodios de vientos fuertes y nevadas.

Durante el verano, el área de mayor actividad se desplazaría hacia el sur y abarcaría buena parte de la zona núcleo y la provincia de Buenos Aires. La combinación de calor, humedad y avance de frentes favorecería tormentas convectivas severas y podría agravar los problemas de anegamiento e inundaciones en la cuenca del Salado. En la región cordillerana, Sierra pidió especial atención porque considera que los modelos podrían estar subestimando el riesgo, particularmente en Mendoza, donde la complejidad del relieve dificulta el pronóstico de tormentas.

El riesgo no desaparece en el otoño

Hacia el otoño, las proyecciones muestran una retirada relativamente rápida de los sistemas de tormentas en buena parte del área agrícola. Sin embargo, Sierra advirtió que algunos núcleos podrían mantenerse activos y generar situaciones de riesgo.

Uno de los sectores que señaló como más sensibles es el centro de Santa Fe, donde las lluvias otoñales podrían coincidir con ríos ya crecidos y aumentar la vulnerabilidad de ciudades como Rosario y Santa Fe. El antecedente de los episodios de El Niño de 2002-03 aparece como referencia para dimensionar el riesgo.