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El agro argentino podría haber exportado el doble si crecía al ritmo de sus vecinos

Un estudio del IERAL analiza el rezago frente a Brasil, Paraguay y Uruguay y plantea una agenda para recuperar participación internacional.

Argentina podría haber duplicado sus exportaciones agroindustriales, o incluso superado ese crecimiento, si durante las últimas tres décadas hubiera acompañado la expansión de sus vecinos del Mercosur. Así lo plantea un informe de Juan Manuel Garzón, economista del IERAL de Fundación Mediterránea, que compara el desempeño regional e identifica factores que limitaron la inversión y la oferta exportable del país.

El trabajo estima que las ventas externas agroindustriales argentinas alcanzaron US$ 50.480 millones en 2025. Si desde 1995 su participación en el comercio mundial hubiera evolucionado en la misma proporción que la de Uruguay, habrían llegado a US$ 99.172 millones; siguiendo la trayectoria de Paraguay, a US$ 110.071 millones; y con la de Brasil, a US$ 122.575 millones.

Estas diferencias corresponden a las exportaciones de un solo año, como resultado de tres décadas de crecimiento desigual. El autor aclara que la simulación no determina un monto exacto de ventas perdidas ni permite atribuir la brecha a una política específica: ofrece una referencia de la expansión que otros países de la región lograron concretar.

Las claves del informe

El análisis reúne cinco conclusiones principales: Argentina desaprovechó oportunidades de expansión; sus exportaciones crecieron menos que las de sus vecinos y que el comercio mundial; los socios del Mercosur avanzaron mediante distintas estrategias productivas; las condiciones internas desalentaron inversiones; y recuperar dinamismo exige sostener políticas favorables durante décadas.

Entre 1995 y 2025, las ventas agroindustriales argentinas se multiplicaron por 3,4 en dólares corrientes, frente a 8,4 veces en Brasil, 7,5 en Paraguay y 6,8 en Uruguay. Mientras estos tres países ganaron presencia internacional, la participación argentina en el mercado mundial de los productos considerados descendió del 1,81 % al 1,65 %.

El estudio abarca 55 agrupamientos agroindustriales e incluye materias primas y productos elaborados. El aumento del valor exportado combina variaciones de precios, volúmenes y composición de las ventas, por lo que no equivale a un crecimiento similar de las cantidades producidas.

También hubo una mayor concentración en los granos y sus derivados. La agricultura extensiva pasó de representar el 51,1 % de las exportaciones agroindustriales argentinas en 1995 al 67,3 % en 2025. En conjunto, soja y maíz avanzaron desde aproximadamente una cuarta parte del total hasta explicar la mitad.

Los resultados fueron heterogéneos. El complejo maicero elevó su participación mundial del 5,8 % al 12,3 % y el sojero, del 13,7 % al 14,5 %. En cambio, el triguero retrocedió del 5,3 % al 4,4 % y el bovino, del 6,4 % al 3,8 %.

Los caminos de los vecinos

Según el IERAL, Brasil combinó investigación e innovación tecnológica con financiamiento, infraestructura e incentivos a la producción. La adaptación de la soja a regiones tropicales muestra cómo el conocimiento permitió ampliar sus posibilidades productivas.

Uruguay sumó grandes inversiones industriales en la cadena forestal y fortaleció el acceso a mercados de actividades tradicionales. El informe destaca tanto la articulación entre plantaciones, plantas de celulosa y logística como el aporte de la trazabilidad bovina para respaldar las garantías sanitarias exigidas por los compradores.

Paraguay expandió su producción mediante inversiones, incorporación de tecnología y mayor superficie utilizada. Aunque los tres países difieren en escala, recursos y especialización, el trabajo señala que lograron aprovechar una demanda internacional que también estaba disponible para Argentina.

Qué frenó la expansión

El diagnóstico del IERAL vincula el rezago argentino con la inestabilidad macroeconómica, las restricciones cambiarias, los derechos de exportación y otros impuestos incorporados en los costos. A esos factores agrega cupos, permisos y suspensiones de ventas externas, que afectaron la previsibilidad y la confianza de los compradores.

Según sus estimaciones, entre 2002 y 2025 los principales granos y sus derivados aportaron aproximadamente US$ 173.000 millones en derechos de exportación, expresados en dólares constantes. El autor advierte que no todo ese monto se habría convertido en inversión, pero sostiene que estos tributos redujeron tanto los recursos disponibles como la rentabilidad esperada de nuevos proyectos.

El trabajo también considera los límites ambientales a la expansión productiva. Reconoce la legitimidad de conservar los bosques, aunque plantea que deben evaluarse los costos de oportunidad y mejorar las compensaciones, con un marco que permita compatibilizar producción y protección ambiental.

Para recuperar dinamismo, el instituto propone estabilidad macroeconómica, libre acceso al mercado cambiario, eliminación de impuestos distorsivos y reglas previsibles para exportar. La agenda incluye infraestructura, investigación, servicios sanitarios e integración internacional.

La continuidad es central: ampliar un rodeo, desarrollar una forestación o instalar una industria requiere años de inversión. Por eso, el informe sostiene que revertir el rezago demanda una estrategia sostenida durante décadas.

El análisis, los gráficos y las referencias metodológicas pueden consultarse en el estudio completo del IERAL.