Con más de 8.000 hectáreas implantadas, el cultivo gana espacio como alternativa de inversión en dólares y consolida su expansión en San Juan.
En un contexto desafiante para varias economías regionales, el pistacho comienza a posicionarse como una de las actividades con mayor proyección dentro del agro argentino. Impulsado por la creciente demanda internacional y por condiciones agroclimáticas favorables, el cultivo ya supera las 8.000 hectáreas implantadas en el país, de las cuales unas 6.000 se encuentran en San Juan.
El desarrollo del sector viene acompañado por el interés de inversores que buscan alternativas vinculadas a la economía real y orientadas a la generación de divisas. En ese escenario, la firma AgroFides impulsa desde San Juan el proyecto “La Memita”, un desarrollo de 100 hectáreas productivas de pistacho con proyecciones de ampliación y retornos estimados de entre 14 % y 20 % anual en dólares una vez alcanzada la madurez productiva.
“El crecimiento del pistacho refleja un cambio más profundo en la forma de pensar las inversiones productivas en la Argentina. Hoy existe una búsqueda concreta de activos vinculados a la economía real, capaces de generar valor a largo plazo y de insertarse en cadenas globales”, señaló Juan Ignacio Ponelli, fundador y CEO de AgroFides.
La empresa estructura sus proyectos mediante fideicomisos agrícolas que permiten a los inversores participar en activos productivos mientras la compañía se encarga de la implantación, el manejo agronómico y la comercialización. El esquema contempla ingresos desde US$ 30.000.
Actualmente, AgroFides cuenta con 110 hectáreas en desarrollo y sumó durante 2025 otras 100 hectáreas correspondientes al proyecto “La Memita”, con posibilidad de expansión hasta 150 hectáreas. La firma proyecta incorporar entre 100 y 300 hectáreas por año.
El crecimiento del cultivo también se explica por su perfil exportador. Según datos difundidos por la compañía, durante el último período se produjeron alrededor de 6.000 toneladas de pistacho en la Argentina y más del 50 % tuvo destino de exportación.
A nivel mundial, el pistacho figura entre los frutos secos de mayor crecimiento en consumo, impulsado por hábitos alimentarios asociados a productos premium y saludables. Al mismo tiempo, la oferta enfrenta limitaciones estructurales debido a las exigencias agroclimáticas y a la elevada inversión inicial requerida para desarrollar plantaciones.
“El pistacho no es una moda. Viene creciendo hace veinte años a una tasa del 6,5 % anual. La oferta tiene barreras de entrada muy altas y para 2040 se estima un déficit estructural de 250.000 toneladas”, afirmó Ponelli.
En paralelo, el cultivo avanza sobre un proceso de reconversión productiva en regiones donde actividades tradicionales enfrentan problemas de competitividad. Su menor volatilidad relativa, la demanda sostenida y el alto valor agregado lo convierten en una alternativa de largo plazo para zonas áridas bajo riego.
Desde el punto de vista técnico, la producción de pistacho se apoya en sistemas de riego por goteo, manejo hídrico de precisión, energías renovables y monitoreo agronómico permanente. Según destacan desde la empresa, estas herramientas permiten mejorar la eficiencia y sostener modelos productivos alineados con criterios de sustentabilidad.
El escenario internacional también contribuyó al renovado interés por el cultivo. La tensión geopolítica en Medio Oriente y la relevancia de Estados Unidos e Irán —que concentran gran parte de la producción global— impactaron sobre los precios internacionales y reforzaron el atractivo del pistacho como activo agrícola estratégico.




