En una jornada técnica de Supra Semillas, especialistas analizaron cómo detectar problemas de estructura que restringen la infiltración y el desarrollo de las raíces.
La compactación del suelo puede pasar inadvertida hasta que el cultivo muestra sus consecuencias: emergencia despareja, diferencias de crecimiento y raíces con desarrollo restringido. Detrás de estos síntomas puede haber una estructura deteriorada que limita el aprovechamiento del agua y los nutrientes.
Esta problemática fue uno de los ejes de la primera Jornada de Actualización Técnica (JAT) de Maíz de Supra Semillas, transmitida por YouTube. El panel sobre salud física del suelo reunió a Cristian Álvarez, asesor privado, docente de la Universidad Nacional de La Pampa e integrante de AGSUS; Joaquín Panadeiro, asesor privado; y Lucas Scozzina, responsable de los ensayos de compactación de la empresa. La moderación estuvo a cargo de Fernando Giachetti, gerente de Desarrollo de la marca.
Cuando la lluvia no alcanza
Giachetti destacó que la compactación condiciona el aprovechamiento del agua, un factor decisivo para el rendimiento del maíz. Por eso, recomendó evaluar el estado físico de los lotes antes de definir inversiones, incluso en escenarios de precipitaciones favorables.
Según señaló, esta limitante puede generar diferencias de entre 1.000 y 2.000 kilos por hectárea entre lotes vecinos sembrados en la misma fecha y con el mismo híbrido.
Scozzina advirtió que el deterioro físico también afecta a los planteos exclusivamente agrícolas. La pérdida de estructura y porosidad restringe la circulación del agua y del aire, y dificulta que las raíces exploren el perfil, aun cuando las lluvias sean abundantes.
Giachetti describió una diferencia observada en los ensayos de Supra Semillas en 9 de Julio: mientras que en un suelo compactado el agua tardó más de una hora en descender, en un sector descompactado con paratill el proceso demandó apenas un minuto.
La pala como herramienta de diagnóstico
Los especialistas coincidieron en que los análisis químicos, los mapas de rendimiento y las imágenes satelitales deben complementarse con la observación directa del suelo.
“No alcanza solo con el penetrómetro o las imágenes satelitales; la herramienta indispensable es agarrar la pala, hacer calicatas y observar la textura, la humedad y el desarrollo de raíces”, enfatizó Panadeiro.
El diagnóstico permite localizar la capa restrictiva y distinguir una compactación efectiva de la resistencia natural de un suelo seco o de un horizonte arcilloso. Esa diferenciación resulta clave para evitar intervenciones mecánicas innecesarias.
Álvarez explicó que los cambios de color y consistencia del perfil, junto con las alteraciones en el desarrollo de las raíces, ayudan a reconocer el problema. También advirtió que los cultivos pueden mostrar síntomas similares a los de una deficiencia nutricional, porque el deterioro de la porosidad y la estructura afecta la actividad biológica y la disponibilidad de nutrientes.
El impacto sobre la infiltración
A partir de investigaciones realizadas junto al INTA, Álvarez señaló que, en promedio, de cada 100 milímetros de lluvia registrados en las regiones agrícolas estudiadas, solo 60 ingresan al perfil.
“El 40% restante se pierde por falta de infiltración”, explicó. Esa agua puede escurrir o acumularse en la superficie y generar encharcamientos.
El especialista agregó que las capas restrictivas en profundidad pueden provocar falsas napas y saturación superficial. También advirtió sobre pérdidas de nitrógeno y una menor eficiencia de la fertilización asociadas a estos problemas.
Recuperar la estructura y sostenerla
Supra Semillas desarrolla ensayos de corto y largo plazo para comparar estrategias de recuperación. Una experiencia de tres años evalúa un manejo combinado de intervenciones mecánicas, fertilización fosforada, enmiendas y cultivos de cobertura frente a alternativas mecánicas, químicas y un testigo sin intervención.
Durante el panel se destacó que la elección del equipo, la profundidad de trabajo y el distanciamiento entre cuerpos deben ajustarse a cada ambiente y a la ubicación de la capa compactada.
Álvarez remarcó que la recuperación requiere integrar las correcciones mecánicas con cultivos de cobertura y de servicio, nutrición estratégica, rotaciones y manejo del tránsito. El objetivo es sostener la estructura recuperada y evitar que la limitante vuelva a instalarse.
“Corregir esta limitante no solo transforma la eficiencia de uso del agua en el maíz, sino que potencia el rendimiento de todo el esquema de rotación con soja, girasol y trigo”, concluyó.
La jornada también abordó fertilización tardía oportunista y Corn Stunt. La disertación completa está disponible en el canal de YouTube de Supra Semillas, mientras que las recomendaciones técnicas de la empresa pueden consultarse en su boletín Supra Útil.



