Desde Bioter sostiene que el desafío pasa por ajustar las dietas en cada etapa y utilizar nuevas tecnologías para anticipar desvíos productivos.
La evolución genética transformó la producción porcina, pero al mismo tiempo elevó las exigencias para la nutrición. Las cerdas actuales producen camadas más numerosas, tienen menos reservas grasas y deben sostener una alta producción de leche, sin que el consumo de alimento haya aumentado en la misma proporción.
“Hoy el tema es aplicar una nutrición que acompañe la evolución genética”, resumió Marcelo Poli, médico veterinario, especialista en nutrición animal y técnico de Cuentas Clave de Bioter.

El especialista explicó que conocer los requerimientos específicos de cada hembra resulta cada vez más importante. “No es lo mismo que esté gestando 14 lechones que 17 o 18. No es el mismo requerimiento si una cerda tiene 14 tetas que si tiene 16”, señaló.
Ese cambio obliga a diferenciar las necesidades durante la gestación y, especialmente, en la lactancia. “La lactancia es el desafío más grande. Tenemos muchos lechones y una cerda que cada vez come menos por el genotipo carnicero que tiene”, explicó Pooli.
La selección genética busca animales con una mayor eficiencia de conversión, pero ese progreso también se expresa en las reproductoras. Como consecuencia, deben atender demandas metabólicas crecientes dentro de una capacidad de consumo limitada.
El 5 % que hace la diferencia
Buena parte del margen para responder a ese desafío se concentra en una porción relativamente pequeña de la dieta. “El 95 % de la dieta es soja y maíz, y el 5 % es la premezcla o el resto que ponemos. Ese 95 % no cambió en los últimos 20 años en su valor proteico”, sostuvo Pooli. Sobre esa base, indicó que buena parte de la innovación nutricional se concentra justamente en ese 5 %.
Dentro de esa fracción se incorporan enzimas, minerales quelatados, diferentes tipos de vitaminas, saborizantes, palatantes y otros aditivos específicos, cuya combinación permite ajustar el aporte de nutrientes a las necesidades de las cerdas actuales. “Hay que aplicar tecnologías a ese 5 %, lo cual lleva mucho trabajo de investigación y desarrollo para poder acompañar la evolución genética”, explicó el veterinario.
El concepto no supone restar importancia a las materias primas principales. En Argentina, maíz y derivados de soja continúan aportando buena parte de la energía y la proteína de las dietas porcinas. La diferencia está en la precisión con que se completa la formulación para animales cuyo potencial productivo es cada vez mayor.
Cuidado de la cerda
Para Pooli, además, el análisis no puede limitarse exclusivamente a la alimentación. Nutrición, infraestructura, ambiente y manejo deben funcionar de manera coordinada.
“Cuando no estamos alineados nutricionalmente, cuando no estamos alineados en infraestructura, manejo y demás, el impacto empieza a tenerlo la cerda y después también las camadas que nacen”, afirmó.
Una de las primeras manifestaciones puede ser una elevada variabilidad de peso al nacimiento, con lechones bien desarrollados junto a otros mucho más pequeños. Si esa diferencia no logra corregirse durante la lactancia, el problema se traslada posteriormente a la recría y al engorde.
“Cuando tenemos esta variabilidad de peso en los engordes empieza a haber un impacto económico negativo para la granja”, advirtió.
La consecuencia aparece en animales que no alcanzan de manera uniforme los pesos esperados, complicaciones para conformar las cargas y mayores costos productivos.
Por eso, el especialista insiste en observar el proceso completo. “Tiene que ser un plan nutricional integral. No podemos focalizarnos en una sola parte de la granja”, señaló. Lo que ocurre durante la lactancia, incluso, puede condicionar el desempeño de la cerda en su siguiente parto.
Tecnologías aplicadas
Dentro de esa estrategia, Bioter desarrolló programas diferenciados para las distintas etapas. Pooli mencionó ProlifiCare, orientado a las reproductoras y basado en premezclas y aditivos específicos para acompañar gestación y lactancia.
Según explicó, uno de los objetivos es sostener el consumo de las cerdas en momentos de elevada exigencia. “Tenemos datos de granjas donde vimos cómo mejoraron los consumos en pleno verano, y eso es importantísimo para una buena lactancia”, señaló.
Para la recría, la compañía trabaja con programas específicos adaptados a los cambios que experimentan los animales después del destete. En engorde, Pooli destacó la línea HiGrow, desarrollada bajo un concepto de nutrición de precisión para aprovechar el potencial de crecimiento de los animales.
IA y monitoreo
La empresa también incorporó inteligencia artificial y monitoreo en tiempo real mediante SustentIA, un programa que combina cámaras para seguir la evolución del peso, sensores instalados en silos para controlar el consumo y micrófonos capaces de detectar la frecuencia de tos.
El sistema genera alertas cuando encuentra desvíos respecto de los parámetros previstos. “Es medir en tiempo real. No sólo medimos crecimiento y consumo, sino también lo sanitario”, explicó Pooli.
En materia respiratoria, el mecanismo funciona con un sistema semejante a un semáforo: mientras la frecuencia de tos permanece dentro de determinados parámetros la señal es verde; cuando aumenta pasa a amarillo y, ante registros elevados, genera una alerta roja que permite revisar el manejo sanitario.
La información también se utiliza para ajustar las dietas. “Estamos viendo cómo crecen y dónde tenemos que aumentar el aporte de nutrientes y dónde podemos disminuirlo, para que el programa nutricional sea más económico”, explicó.
Actualmente, según Pooli, 15 granjas argentinas utilizan el sistema, algunas de las cuales ya completaron varios ciclos de seguimiento.
Para el especialista, una de las variables centrales sigue siendo el consumo. “Si no hay consumo, no hay crecimiento”, sintetizó. Poder detectar tempranamente una caída permite analizar si detrás del desvío existe un problema sanitario, de manejo, de disponibilidad de alimento o de formulación nutricional.
La genética continuará elevando el potencial productivo de los cerdos y, con ello, también los requerimientos. El desafío será conseguir que nutrición, ambiente, sanidad y manejo evolucionen al mismo ritmo para transformar esa capacidad genética en kilos producidos y mejores resultados económicos.
Por: Belisario Saravia Olmos, El Tribuno Campo, editor.
Fuente: El Tribuno Campo.



