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Con más fertilización se generaría más empleo y producción

FADA sostiene que permitiría crear más de 40.000 empleos, sumar 4,5 Mt  de granos y aportar US$ 1.100 millones a la economía.

La nutrición del suelo aparece cada vez más asociada no solo a la sustentabilidad productiva, sino también al crecimiento económico. Un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) sostiene que mejorar el uso de fertilizantes podría generar un impacto significativo en el empleo, la producción de granos, las exportaciones y el movimiento general de la economía.

El trabajo, titulado “Fertilizantes en Argentina. Evolución reciente y propuestas de políticas públicas”, analiza la relación entre la fertilización, los impuestos y la capacidad del sistema agropecuario para invertir en el cuidado de la tierra. Según el estudio, potenciar este circuito permitiría crear más de 40.000 puestos de trabajo, una cifra comparable con la población de una ciudad como Pinamar.

La propuesta también proyecta una mejora de más de 4,5 millones de toneladas en la producción de granos, más de US$ 800 millones adicionales en exportaciones y más de US$ 1.100 millones de valor bruto de producción. Además, ese incremento demandaría más de 150.000 nuevos fletes para transportar la producción adicional.

Suelo y economía

Para FADA, la fertilización debe entenderse como una forma de alimentar el suelo. La economista Antonella Semadeni explicó que “potenciar el circuito de la nutrición de la tierra impulsa a la economía y podría crear empleo para toda una ciudad como Pinamar”. En esa línea, sostuvo que se trata de “una ecuación poco conocida”, porque una mejora en la fertilización no solo impacta en el lote, sino también en la actividad económica regional.

La mirada del informe combina dos dimensiones. Por un lado, la sustentabilidad: un suelo mejor nutrido permite plantas más fuertes, mayor fertilidad y mejores condiciones para sostener la producción en el tiempo. Por otro, el efecto económico y social: más fertilización puede traducirse en más granos, más transporte, más exportaciones, más empleo y mayor movimiento en los pueblos y ciudades vinculados al agro.

Fiorella Savarino, economista de FADA, planteó que producir también implica cuidar la tierra. “Fertilizar o alimentar el suelo es sustentabilidad y es una apuesta al futuro. Porque un suelo cuidado es igual a plantas más fuertes y productivas hoy, pero también ayuda a que eso siga siendo así en adelante”, señaló.

El peso impositivo

El informe pone el foco en la incidencia de los impuestos sobre la capacidad de los productores para invertir en fertilizantes. Según FADA, las retenciones reducen el ingreso que queda en las regiones y limitan la posibilidad de reinvertir en tecnología, maquinaria, infraestructura, inmuebles, vehículos y también en nutrición del suelo.

Nicolle Pisani Claro, economista jefe de la fundación, señaló que una de las medidas centrales debería ser la quita de derechos de exportación. De acuerdo con el análisis, si una mayor proporción de lo generado por la producción quedara en las regiones, habría más margen para aumentar la inversión y sostener prácticas orientadas al cuidado de la tierra.

El informe menciona antecedentes concretos. En 2016, con la quita temporal de retenciones al trigo y al maíz y la baja en soja, el uso de fertilizantes aumentó un 38 %. También indica que, a partir de medidas tomadas en 2024 y 2025, la fertilización creció 11 % en los últimos dos años.

Entre esas medidas se destacan la baja de impuestos a la importación de urea, aplicada en mayo de 2024, y la eliminación del Impuesto PAIS en 2025. Según FADA, antes de esos cambios la diferencia entre el precio que pagaba el productor argentino por la urea y el precio internacional llegaba al 99 %. Luego se redujo al 35 %.

La urea, clave

La urea es uno de los fertilizantes más importantes para la nutrición de los cultivos y su precio internacional también quedó afectado por el conflicto en Medio Oriente. El informe señala que actualmente cotiza en torno de los US$ 890 por tonelada, pero advierte que, sin las medidas impositivas adoptadas, podría haber superado los US$ 1.450.

Para Semadeni, ese ejemplo muestra la importancia de reducir la carga impositiva sobre insumos estratégicos. Si el fertilizante se encarece y, al mismo tiempo, las retenciones reducen el ingreso del productor, la posibilidad de invertir en el suelo se vuelve más difícil. Por eso, FADA vincula la política tributaria con la sustentabilidad productiva.

La entidad insiste en que quitar retenciones sería la medida más importante. En su visión, este impuesto hace que gran parte de lo que se genera en el interior quede en manos del Estado nacional, lo que representa una amenaza para la inversión en general y para el cuidado del suelo en particular.

Una propuesta

Aun con retenciones vigentes, FADA propone una política pública complementaria: permitir una deducción adicional en el Impuesto a las Ganancias equivalente al 50 % extra de lo invertido en fertilizantes.

El planteo es simple. Si un productor invierte $ 1.000 en fertilizantes, hoy puede descontar esos $ 1.000 de la base sobre la cual paga Ganancias. La propuesta de FADA busca que, por ese mismo gasto, se puedan deducir $ 1.500. Es decir, una vez y media lo invertido para mantener el suelo nutrido.

Según la fundación, la medida no requeriría crear un nuevo instrumento de control o medición, sino modificar la forma de cálculo: pasar de una deducción del 100 % a una del 150 %. El objetivo sería generar un incentivo directo para que la fertilización crezca y, con ella, aumenten la producción y la actividad económica asociada.

La lectura de FADA también busca instalar una discusión más amplia: la fertilización no debería ser vista solo como un costo de campaña, sino como una inversión que define la productividad futura. En ese sentido, cada mejora en el acceso a insumos y cada alivio tributario pueden tener efectos acumulativos sobre el suelo, los rindes y la economía de las regiones productivas.

La mejora, además, tendría impacto directo en contratistas, transportistas, comercios y servicios vinculados al agro.

El informe concluye que alimentar el suelo es también alimentar la economía. En esa relación, la nutrición de la tierra aparece como una herramienta de sustentabilidad, pero también como una vía para generar empleo, exportaciones y arraigo productivo en las regiones.