Es un problema sanitario y productivo global, cuyo impacto compromete la salud humana, la producción animal y la competitividad agropecuaria.
La resistencia a los antimicrobianos (RAM) es un fenómeno biológico por el cual microorganismos (como bacterias, virus, hongos o parásitos) desarrollan la capacidad de sobrevivir a medicamentos que antes eran eficaces para eliminarlos o frenar su crecimiento. En otras palabras, los tratamientos dejan de funcionar como deberían. Aunque puede parecer un problema moderno, la resistencia es, en realidad, un proceso natural. Los microorganismos evolucionan constantemente, y cuando se exponen a sustancias que los afectan, algunos logran adaptarse y sobrevivir.
Sin embargo, lo que preocupa hoy es la velocidad con la que este proceso se está acelerando, ya que puede comprometer la eficacia de estos compuestos y afectar tanto la salud de la población como la de los animales, e incluso la capacidad de producir alimentos.
Cada vez que se utilizan antimicrobianos (tanto en medicina humana como veterinaria) se genera lo que se conoce como “presión de selección”. Esto significa que los microorganismos sensibles mueren, pero aquellos que poseen mecanismos de resistencia sobreviven, se multiplican y pueden diseminarse. El mal uso de los antimicrobianos acelera este proceso. Entre los ejemplos cotidianos que muchas veces pasan desapercibidos se encuentran la automedicación, el uso de antibióticos para infecciones virales, la interrupción de tratamientos antes de tiempo o el uso de medicamentos vencidos o en mal estado.
En el ámbito productivo, también influyen el uso no terapéutico de antimicrobianos y manejo inadecuado de residuos de producción, incluyendo envases de antibióticos. Por esto, se puede asumir que lejos de ser un problema aislado, la resistencia antimicrobiana es el resultado de múltiples prácticas acumuladas a lo largo del tiempo, lo que la convierte en una problemática compleja y difícil de revertir sin la participación de todos.
Impacto en la salud humana
La resistencia a los antimicrobianos hace que algunas infecciones sean cada vez más difíciles (o incluso imposibles) de tratar. A nivel mundial, se estima que en 2019 se produjeron alrededor de 5 millones de muertes asociadas a la RAM, de las cuales aproximadamente 1,3 millones fueron directamente causadas por bacterias resistentes. Si esta tendencia continúa, algunos modelos proyectan que para 2050 la cifra podría alcanzar los 10 millones de muertes anuales.
En Argentina, estimaciones recientes indican que se producen alrededor de 40.000 muertes anuales asociadas a la RAM, de las cuales aproximadamente 8.000 se vinculan directamente con infecciones por bacterias resistentes.
Además del impacto directo, la resistencia a los antimicrobianos reduce la capacidad de realizar procedimientos médicos complejos, como cirugías, trasplantes o terapias oncológicas, que dependen del uso eficaz de antibióticos para prevenir infecciones.
Impacto en la producción animal
En la actualidad, cerca del 80 % de los antimicrobianos producidos a nivel mundial se destinan a la producción animal y, pese a los avances regulatorios, una parte importante aún se utiliza con fines no terapéuticos, favoreciendo la aparición y diseminación de bacterias resistentes. Esto impacta negativamente en la producción, con mayor mortalidad, tratamientos menos eficaces y menor eficiencia, además de comprometer el bienestar animal.
A su vez, la resistencia antimicrobiana genera riesgos para la inocuidad de los alimentos y crecientes restricciones comerciales, afectando la competitividad del sector. A escala global, sus consecuencias económicas son significativas: se proyecta que podría reducir el PBI mundial hasta en un 3,8 % hacia 2050, con mayor impacto en países de ingresos medios y bajos.
Situación en Argentina
La resistencia a los antimicrobianos representa una amenaza estructural, ya que compromete simultáneamente la salud humana, la sanidad animal, la inocuidad de los alimentos y el ambiente. Por esta razón, su abordaje requiere un enfoque Una Salud (One Health) que integre múltiples sectores.
Desde la década de 1980, Argentina ha desarrollado distintas iniciativas para abordar esta problemática, posicionándose como un referente en la región. En 2015, mediante la Resolución Conjunta 834/2015 y 391/2015, se estableció la Estrategia Nacional para el Control de la Resistencia a los Antimicrobianos y se creó la Comisión Nacional para el Control de la Resistencia Antimicrobiana (CoNaCRA), integrada por organismos públicos, académicos y privados. En paralelo, se han implementado medidas regulatorias concretas, como la prohibición del uso de colistina y la restricción del uso no terapéutico de antimicrobianos, buscando reducir la presión de selección y promover prácticas más responsables.
Este marco se consolidó con la Ley 27.680, que establece un enfoque de Una Salud, integrando la salud humana, animal y ambiental, y regulando el uso de estos fármacos de manera más estricta y coordinada.
Líneas de trabajo del INTA
Dentro de la cartera de proyectos del INTA se desarrolla un proyecto nacional orientado a la resistencia a los antimicrobianos y a la búsqueda de alternativas para reducir su uso en producción animal. La iniciativa involucra a unidades de todo el país y aborda la problemática desde una perspectiva integral, incluyendo el estudio de los mecanismos de selección y dispersión de la resistencia, la vigilancia microbiológica en sistemas productivos y el desarrollo de herramientas para comprender la circulación de bacterias resistentes. También se promueven estrategias de manejo sanitario para disminuir la incidencia de enfermedades infecciosas y la necesidad de tratamientos antimicrobianos, junto con investigaciones sobre el tratamiento de residuos y la reducción de su impacto ambiental. A su vez, el proyecto evalúa alternativas al uso de antimicrobianos, especialmente como reemplazo de promotores de crecimiento, como extractos vegetales, probióticos y otros aditivos funcionales.
Además, los equipos del INTA trabajan activamente en la articulación con productores, empresas, universidades y organismos públicos a través de acciones de capacitación y concientización. En este marco, el organismo participa en espacios de coordinación institucional como la CoNaCRA, aportando evidencia científica para el diseño e implementación de políticas públicas orientadas a prevenir y controlar la resistencia antimicrobiana.
Mensaje final
La eficacia de los antimicrobianos es un recurso limitado que debemos preservar. Su uso racional es fundamental para mantener su efectividad y proteger la salud de las personas, los animales y el ambiente. En la producción animal, promover un uso racional de los antimicrobianos no solo permite prevenir la resistencia, sino también mejorar la sanidad, promover el bienestar animal, garantizar la inocuidad de los alimentos y contribuir al desarrollo de sistemas productivos más eficientes y sostenibles.
Autores: Dr. Leandro Martín Redondo, coordinador del Proyecto de Resistencia Antimicrobiana, Instituto de Patobiología – INTA – CONICET, redondo.leandro@inta.gob.ar. MSc. Leandro Hipólito Olmos, Laboratorio de Salud Animal – IIACS – EEA INTA Salta, olmos.leandro@inta.gob.ar.



