Inicio Vitivinicultura Vinos de altura: calidad en la copa, obstáculos en el camino 🔊

Vinos de altura: calidad en la copa, obstáculos en el camino 🔊

La vitivinicultura de altura enfrenta un escenario desafiante: rutas precarias, costos elevados y un mercado global adverso que condicionan la producción y el turismo.

En el extremo oeste del departamento Molinos, a unos 2.500 metros sobre el nivel del mar y en uno de los paisajes más imponentes de los Valles Calchaquíes, producir vino es una actividad que exige invertir, pero también aguantar. Allí se produce entre caminos de montaña, ríos que crecen en verano y distancias que se miden más en horas que en kilómetros.

Entrevistado en el programa Claves del Campo (Radio Salta), Raúl Dávalos, ingeniero agrónomo y winemaker de Bodega Tacuil y Bodegas Valle Arriba, sostuvo que la vitivinicultura de altura enfrenta hoy un escenario desafiante, atravesado por problemas de infraestructura, altos costos y un contexto global adverso para la industria.

“La principal dificultad estructural para producir en la zona es la logística, especialmente durante el verano”, indicó y explicó que el traslado de insumos y la salida del vino desde la bodega se complican en épocas lluviosas, cuando los caminos se deterioran y los ríos crecen, lo que pone en riesgo el cumplimiento de compromisos comerciales y los planes de producción.

En ese sentido, detalló que, si bien en los últimos 15 años se realizaron algunas mejoras puntuales, como la construcción de puentes que antes no existían, el estado general de las rutas continúa siendo precario, con tramos de la Ruta 40 sin pavimentar y obras inconclusas entre localidades clave del valle.

Dávalos expresó que esta situación no sólo afecta a su empresa, sino que constituye un problema generalizado en el Valle Calchaquí. “La falta de caminos adecuados limita la llegada de turistas a zonas como Molinos, Seclantás y Angastaco, a pesar del atractivo paisajístico y de la oferta enogastronómica”, sostuvo y consideró que, más allá de las grandes obras, sería clave una mejor planificación estacional, con mayor disponibilidad de maquinaria y equipos durante los meses críticos de lluvias, lo que permitiría sostener la transitabilidad y aliviar tanto a la producción como al turismo, actividad que describió como central para la economía local.

En este punto, sostuvo que, frente a un Estado con menor capacidad de intervención, “podrían pensarse esquemas de trabajo conjunto entre privados y sector público, como los consorcios camineros”. Pero para él el problema es más profundo: sin caminos en condiciones, es difícil pensar en que la zona pueda crecer de forma sostenida.

Desafíos de la campaña

En cuanto a la campaña vitivinícola en curso, indicó que las condiciones climáticas del año resultaron, en líneas generales, favorables. Señaló que el invierno fue frío, la primavera moderada y el verano, aunque lluvioso, permitió un buen desarrollo de los viñedos. Precisó que, por la mayor altitud, la cosecha en su zona es más tardía que en otras áreas de los Valles Calchaquíes, y si bien podrían aparecer complicaciones de calidad si continúan las lluvias hacia el final, estimó que será una vendimia productiva y de buena calidad. Sin embargo, advirtió que el principal desafío será la comercialización, en un contexto de caída del consumo y dificultades para exportar.

Respecto de la rentabilidad, Dávalos fue categórico al señalar que para la mayoría de los productores prácticamente ha desaparecido. “Los costos se mantienen elevados y, sumados a los sobrecostos logísticos propios de la zona, erosionan la competitividad, en especial de las bodegas que exportan”. Además, mencionó cambios en los hábitos de consumo y la falta de incentivos como factores que afectan la demanda, y sostuvo que la normativa de alcoholemia cero en la provincia de Salta incide negativamente sobre el turismo enológico, ya que muchos visitantes optan por destinos donde existe mayor tolerancia.

El vitivinicultor consideró que el enoturismo debería ocupar un lugar prioritario en la estrategia provincial, al entender que Salta reúne paisajes, gastronomía, hotelería y vinos de alta calidad, pero necesita mayor flujo de visitantes para sostener la actividad y posicionar la marca de origen en los principales centros de consumo.

Crisis en el sector

En relación con la crisis global del sector, señaló que si bien las bodegas de perfil más especializado, como muchas de Salta, pueden contar con ciertas herramientas diferenciales, no están aisladas del contexto general. Explicó que cuando el negocio se complica, se empiezan a ver insumos de menor calidad y precios de uva que no cubren los costos, lo que puede derivar en un deterioro progresivo si se prioriza la reducción de costos por sobre la calidad. Subrayó la importancia de no descuidar la alta gama, que es la que otorga identidad y diferenciación, aunque reconoció que la actividad también necesita que los vinos de consumo masivo se sostengan.

Vino sin alcohol

Consultado sobre las nuevas tendencias, como los vinos sin alcohol o desalcoholizados, Dávalos manifestó una postura crítica. Sostuvo que, desde su visión cultural y técnica, el alcohol forma parte de las virtudes del vino, contribuyendo a su evolución y capacidad de guarda, y que los procesos de desalcoholización implican pérdidas sensoriales. Indicó que respeta las tendencias de consumo, pero expresó su deseo de que se trate de fenómenos transitorios y que se refuerce una cultura de consumo responsable, entendido como parte de la mesa y la vida social, no ligado al consumo excesivo.

Finalmente, informó que las bodegas permanecen abiertas a las visitas, siempre que las condiciones de los caminos y ríos lo permitan; y señaló que actualmente el acceso es posible, aunque con precauciones, y expresó su expectativa de que las lluvias continúen sin afectar la transitabilidad hasta el cierre de la temporada, en una región donde cada vendimia se juega tanto en la viña como en el estado del camino.