La mejora de los rendimientos compensó una reducción del 8,7 % en la superficie sembrada. El rinde nacional alcanzó los 31,3 quintales por hectárea y superó en 9 % el promedio de las últimas campañas.
La campaña argentina de soja 2025/26 finalizó con una producción de 50,1 millones de toneladas, apenas 200.000 toneladas por debajo del ciclo anterior, a pesar de que la superficie sembrada registró una importante reducción interanual.
De acuerdo con el informe de cierre elaborado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, durante el ciclo se implantaron 16,8 millones de hectáreas, un 8,7 % menos que en la campaña 2024/25 y un 1,3 % por debajo del promedio de los últimos cinco ciclos, ubicado en 17,02 millones de hectáreas.
La menor superficie fue compensada por un rendimiento promedio nacional de 31,3 quintales por hectárea, que resultó 9 % superior al promedio de las últimas cinco campañas, sin considerar el ciclo 2022/23, afectado por una sequía histórica.
De esta manera, la producción nacional solamente cayó un 0,4 % interanual, mostrando que la mejora de los rindes permitió sostener un volumen cercano al registrado durante la campaña precedente.
Un ciclo condicionado por el clima
La disponibilidad de humedad superficial durante la ventana de siembra fue adecuada en gran parte del área agrícola, tanto para la soja de primera como para la de segunda.
Sin embargo, en el centro de Buenos Aires se registraron excesos hídricos que generaron problemas de piso y demoraron el avance de las labores. Posteriormente, el comienzo del verano estuvo marcado por una reducción de las reservas de humedad.
El estrés hídrico comprometió el inicio del período crítico de la soja de primera y limitó el crecimiento inicial de los planteos de segunda. Hacia fines de enero, solamente el 64,3 % del área mantenía una condición hídrica adecuada u óptima, mientras que el 35,5 % se encontraba bajo una situación regular o de sequía.
Las precipitaciones registradas durante febrero, aunque presentaron una distribución heterogénea, permitieron recuperar la humedad en los perfiles y mejorar las condiciones durante las etapas decisivas para la definición del rendimiento.
Como resultado de esta recuperación, la estimación de producción, que inicialmente se ubicaba en 48,5 millones de toneladas, fue corregida primero en 100.000 toneladas durante abril y luego en 1,5 millones de toneladas durante mayo, hasta alcanzar el volumen final de 50,1 millones.
Fuerte reducción en el norte
La contracción de la superficie fue particularmente marcada en las regiones del norte argentino.
En el NOA se sembraron 951.740 hectáreas, un 19,4 % menos que durante el ciclo anterior, constituyendo la mayor caída porcentual entre las zonas relevadas por la entidad. Pese a esa reducción, el rendimiento regional alcanzó aproximadamente 31 quintales por hectárea.
En el NEA se implantaron 1,625 millones de hectáreas, con una merma interanual del 12,1 %, mientras que el rendimiento promedio se ubicó cerca de los 29 quintales por hectárea.
También se registraron disminuciones importantes en el Núcleo Norte, donde el área retrocedió 12,9 %, y en el Núcleo Sur, con una caída del 12,5 %. Los mejores rindes regionales se observaron en el norte de La Pampa y oeste de Buenos Aires, con valores cercanos a los 38 quintales por hectárea.
El aporte económico de la cadena
Además del resultado productivo, la Bolsa de Cereales proyectó que la cadena sojera aportará un producto bruto de US$ 19.106 millones, cifra que representa un crecimiento del 19 % respecto del ciclo anterior.
Las exportaciones asociadas a la campaña alcanzarían los US$ 21.192 millones, un 2 % más que en 2024/25, mientras que la recaudación fiscal devengada llegaría a US$ 7.534 millones, con un incremento interanual del 28 %.
La mejora económica se explica principalmente por el aumento de los precios de la soja y sus subproductos, que compensaría la leve disminución del volumen cosechado.
Para el ciclo 2025/26 también se proyecta una molienda de 43,5 millones de toneladas, por encima de los 41,8 millones procesados durante la campaña anterior. En tanto, las exportaciones físicas del complejo se ubicarían en 6,9 millones de toneladas y las importaciones alcanzarían los 6,1 millones.
Así, la campaña concluyó con una producción prácticamente estable, pese a la fuerte retracción de la superficie. La recuperación de las lluvias durante febrero y la mejora de los rindes resultaron determinantes para evitar una caída más pronunciada de la cosecha argentina.



