Inicio Vitivinicultura “La calidad está, pero el desafío es vender” 🔊

“La calidad está, pero el desafío es vender” 🔊

La falta de infraestructura, los sobrecostos logísticos y la caída del consumo condicionan la producción en zonas extremas como Molinos, donde bodegas de más de 2.500 msnm sostienen su actividad en un escenario adverso.

En el extremo oeste de Molinos, a más de 2.500 metros sobre el nivel del mar, producir vino en los Valles Calchaquíes es tanto una actividad productiva como un desafío cotidiano.

En ese escenario de montaña, caminos complejos y grandes distancias, Raúl Dávalos, ingeniero agrónomo y winemaker de Bodega Tacuil y Bodegas Valle Arriba, describió en Claves del Campo (AM 840 – Radio Salta) la situación de la vitivinicultura de altura, atravesada por problemas estructurales de infraestructura, altos costos y un contexto global adverso para el vino.

“El principal obstáculo es la logística, especialmente en verano. Las lluvias deterioran los caminos y crecen los ríos, lo que complica tanto el ingreso de insumos como la salida del vino, poniendo en riesgo compromisos comerciales. Si bien en los últimos años hubo mejoras puntuales -como la construcción de algunos puentes-, persisten tramos de la Ruta 40 sin pavimentar y obras inconclusas en sectores clave del valle, lo que limita la producción y también el desarrollo turístico”, explicó.

Dávalos sostuvo que el problema excede a su emprendimiento y afecta a todo el Valle Calchaquí. La falta de caminos adecuados restringe la llegada de visitantes a zonas como Molinos, Seclantás y Angastaco, a pesar de su atractivo paisajístico y oferta enogastronómica. Consideró que, además de obras de fondo, sería clave una mejor planificación estacional con mayor presencia de maquinaria durante los meses críticos, e incluso esquemas de trabajo conjunto entre privados y Estado, similares a consorcios camineros, aunque remarcó que la región necesita una estrategia de infraestructura de largo plazo.

En lo productivo, la campaña vitivinícola se presenta, en líneas generales, favorable. “El invierno frío, la primavera moderada y un verano lluvioso pero manejable permitieron un buen desarrollo de los viñedos”, contó. Por la altitud, la cosecha es más tardía que en otras zonas, y si bien las lluvias podrían afectar la calidad hacia el final, el balance es el de una vendimia productiva y de buena calidad. “El mayor interrogante está en la comercialización, en un contexto de caída del consumo y dificultades para exportar”, señaló.

Sobre la rentabilidad, fue contundente: “para muchos productores prácticamente ha desaparecido. A los costos elevados se suman los sobrecostos logísticos propios de la zona, que erosionan la competitividad, especialmente de las bodegas exportadoras”. También mencionó cambios en los hábitos de consumo y la falta de incentivos, y advirtió que la normativa de alcoholemia cero incide negativamente en el turismo enológico, ya que algunos visitantes eligen destinos con mayor tolerancia.

Frente a la crisis global del sector, señaló que las bodegas de perfil más especializado no están aisladas del contexto. Cuando la cadena se tensiona, aparecen problemas en proveedores, calidad de insumos y precios de la uva, con riesgo de deterioro si se prioriza bajar costos por sobre la calidad. Subrayó la importancia de sostener la alta gama, que aporta identidad y diferenciación, aunque reconoció que la sustentabilidad de la industria también depende de los segmentos más populares.

Respecto de nuevas tendencias como los vinos sin alcohol, manifestó una mirada crítica: consideró que el alcohol es parte de la identidad técnica y cultural del vino y que la desalcoholización implica pérdidas sensoriales, aunque dijo respetar las preferencias del mercado y respaldó por reforzar el consumo responsable, vinculado a la vida social y familiar.