Nunatak Biotech desarrolla bioinsumos a partir de microorganismos extremófilos. Yamana Cold ya muestra mejoras en emergencia, nodulación y rendimiento.
La búsqueda de microorganismos capaces de sobrevivir en ambientes extremos abrió una puerta para desarrollar nuevas herramientas para la agricultura. Ese es el punto de partida de Nunatak Biotech, una startup argentina que trabaja con hongos y bacterias aislados en la Antártida y Tierra del Fuego.
La empresa nació hace poco más de dos años y medio, cuando un grupo de científicos con experiencia en microorganismos extremófilos decidió trasladar ese conocimiento desde el laboratorio hacia el mercado. En 2023 recibió una primera inversión y comenzó a avanzar en soluciones biológicas para cultivos.
Julia Mensa, CEO y cofundadora de Nunatak, explicó que el trabajo comienza en ambientes donde las plantas sobreviven bajo condiciones exigentes. Allí el equipo estudia la microbiología asociada a las raíces y selecciona microorganismos con funciones de interés agronómico.

“Nosotros aislamos microorganismos que están en la rizósfera de especies vegetales en lugares extremos y, a partir de ahí, desarrollamos insumos”, señaló.
Primer producto
El primer desarrollo comercial es Yamana Cold, un estimulante biológico microbiano para tratamiento de semillas formulado a partir de Pseudomonas fluorescens NB1, una cepa seleccionada en ambientes australes.
Según Mensa, el producto cuenta con aprobación del Senasa para distintos cultivos extensivos y la empresa también avanza sobre cultivos intensivos.
Uno de los ejes de la propuesta es que la tecnología pueda incorporarse sin modificar de manera significativa la rutina del productor. “El producto se tiene que adaptar al productor y no el productor al producto”, afirmó.
Por eso, la compatibilidad ocupa un lugar central. Yamana Cold puede combinarse con productos químicos y biológicos y, según la información técnica de la empresa, fue evaluado con más de 35 curasemillas utilizados en la Argentina.
Resultados a campo
En trigo, Mensa indicó que se observó mayor stand de plantas, mayor biomasa y un aumento promedio de rendimiento cercano al 4 % frente al tratamiento tradicional.
En soja, los ensayos mostraron mayor nodulación y una mejora de alrededor del 4 % de rendimiento sobre tratamientos con Bradyrhizobium. Frente a un testigo sin tratar, la diferencia se ubicó en torno del 9 %.
El material técnico agrega más de 25 % de nodulación en soja y más de 6 % de emergencia en trigo. También destaca una mayor superficie radicular y una mejor disponibilidad de fósforo y hierro.
Para soja, trigo, maíz, poroto, forrajeras, leguminosas, cebada y otros cereales finos, la recomendación de uso es de 200 ml cada 100 kilos de semilla. En papa se indican 2 litros por hectárea.
La empresa también busca que el costo sea competitivo. En soja, Mensa estimó que el tratamiento equivale aproximadamente a 10 kilos de grano por hectárea, una relación que, según sostuvo, permite obtener un retorno atractivo.
Inversión y escala
Nunatak formula sus productos en Río Cuarto y tiene su laboratorio en el Parque de Innovación de la Ciudad de Buenos Aires. La startup recibió recientemente una inversión de Innventure, fondo vinculado a Aapresid, para acompañar el desarrollo y escalado de nuevas soluciones biológicas.
Más desarrollos
Nunatak cuenta con un banco de más de 1.000 cepas. Yamana Cold utiliza solamente una de ellas, lo que muestra el potencial que la compañía observa para ampliar su portfolio.
Mensa anticipó que existen tres nuevos productos en desarrollo para los próximos meses y que el objetivo es sumar alrededor de cuatro soluciones más en los próximos cinco años.
La estrategia incluye avanzar hacia nuevas regiones productivas y economías regionales, ampliar la presencia en la Argentina y, a futuro, llegar a mercados como Brasil y Europa.
Para la ejecutiva, el crecimiento de los biológicos no implica reemplazar las herramientas existentes, sino complementarlas. “Los biológicos son una industria que vino para sumar y no para reemplazar”, remarcó.
En esa lógica, Nunatak plantea una integración entre microbiología, productos químicos, maquinaria, inteligencia artificial e información satelital.
El desafío, sostuvo Mensa, será seguir profesionalizando estas tecnologías y entender con mayor precisión dónde funciona cada microorganismo, en qué cultivos y bajo qué condiciones.




