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CIMMYT y Calice proponen mirar los cultivos desde el ambiente

Una iniciativa conjunta reorganizó datos agronómicos generados durante más de una década para analizar el desempeño del maíz bajo condiciones adversas y fortalecer la toma de decisiones frente al cambio climático.

En un contexto en el que el cambio climático redefine las condiciones de la producción agropecuaria, una iniciativa desarrollada por el CIMMYT y la agtech Calice propone un cambio de enfoque: poner al ambiente en el centro del análisis agronómico.

El trabajo parte de la integración y reorganización de datos generados durante más de una década. A partir de esa base, busca avanzar hacia una nueva forma de interpretar el desempeño de los cultivos, con especial foco en el maíz en condiciones adversas.

Tradicionalmente, los datos agronómicos fueron analizados como resultados aislados, muchas veces asociados a ubicaciones o ensayos específicos. El nuevo enfoque cambia esa lógica y trata la información como parte de un sistema integrado, alineado con los principios FAIR: datos localizables, accesibles, interoperables y reutilizables.

Esta reorganización mejora el acceso a la información, pero también amplía su capacidad para generar conocimiento útil para la investigación y la toma de decisiones.

Datos integrados

La clave del cambio está en la manera de interpretar el ambiente. En lugar de considerarlo como una simple referencia geográfica, el análisis lo descompone en múltiples variables atmosféricas, del suelo y temporales, y estudia sus interacciones a lo largo del ciclo del cultivo.

Este enfoque se enmarca en la “enviromics”, una ciencia de datos aplicada que estudia el “enviroma”: el conjunto de factores ambientales, climáticos, edáficos y de manejo que inciden sobre un organismo. En agricultura, permite entender con mayor precisión cómo esos factores influyen en el rendimiento de los cultivos.

A partir de esta base, Calice y equipos del CIMMYT desarrollaron un análisis exploratorio para comprender cómo responde el maíz frente a condiciones ambientales desafiantes, como altas temperaturas y limitada disponibilidad de agua.

El trabajo integró variables agronómicas, prácticas de manejo e indicadores económicos. El objetivo fue identificar patrones y relaciones dentro de los datos para comprender mejor los factores que influyen en la productividad, la rentabilidad y la resiliencia de los sistemas agrícolas.

El caso del maíz

Uno de los principales aportes del enfoque es la posibilidad de comparar información proveniente de distintos ensayos, años y contextos productivos bajo un mismo marco analítico.

Esa herramienta, definida como una red de comportamiento ambiental, permite conectar evidencias generadas en diferentes condiciones e identificar patrones comunes en la respuesta de los cultivos frente a escenarios ambientales similares.

Al integrar múltiples dimensiones del sistema agrícola, la iniciativa contribuye a generar conocimiento basado en evidencia. También abre nuevas oportunidades para comprender mejor la interacción entre el ambiente, el manejo y los resultados productivos.

Desde esa perspectiva, el trabajo apunta a fortalecer el desarrollo de estrategias orientadas a una agricultura más resiliente y sostenible frente a los desafíos del cambio climático.

“Esta colaboración con Calice ofrece un ejemplo concreto del valor de contar con datos armonizados, estandarizados y multidisciplinarios. Demuestra lo que es posible cuando dejamos atrás los silos y conectamos información de distintas disciplinas. Con frecuencia hablamos de la importancia de la integración, pero este producto nos brinda un resultado tangible: evidencia que puede respaldar una toma de decisiones más informada y estratégica”, señaló Andrea Gardeazabal, líder del Grupo de Monitoreo, Evaluación, Rendición de Cuentas y Aprendizaje de CIMMYT.

Uso estratégico

Gracias a esta integración y a la tecnología de Calice, los datos del pasado pueden utilizarse para interpretar escenarios futuros, en los que el cambio climático tendrá una fuerte incidencia sobre ambientes productivos muy diferentes de los actuales.

Además, el enfoque es escalable y puede transferirse a otros cultivos y programas dentro del sistema CGIAR, siempre que los datos estén estructurados bajo criterios de interoperabilidad.

En ese sentido, el valor no reside únicamente en la tecnología utilizada, sino en la capacidad de aprovechar datos existentes de manera más inteligente.

El avance marca un paso relevante en la transformación digital de la investigación agrícola. Al pasar de la acumulación de datos a su uso estratégico, la iniciativa busca fortalecer la capacidad de respuesta frente a desafíos globales como la adaptación al cambio climático, la sostenibilidad y la resiliencia de los sistemas alimentarios.

La agenda de Calice apunta a poner al ambiente en el centro del análisis, bajo la premisa de que todo ensayo a campo ocurre dentro de un ambiente determinado. Mediante su tecnología, cada dato de campo se posiciona en una red de comportamiento ambiental, lo que permite navegar la información y convertirla en conocimiento.

Cuando el ambiente deja de ser solo un contexto y pasa a ser protagonista, también cambian las preguntas y las respuestas que la ciencia puede ofrecer.