Tras un inicio de campaña con baja presión, en las últimas semanas crecieron las poblaciones del vector y comenzaron a evidenciarse daños por spiroplasma.
La campaña de maíz en el norte argentino se venía desarrollando en una marco que hacía proyectar una buena campaña, lluvias adecuadas, buen arranque y buena sanidad de los cultivos, y ausencia de señales de alarma en relación con la chicharrita. Los reportes de la Red Nacional de Monitoreo mostraban niveles bajos y no se registraban situaciones de preocupación extendida.
Pero en las últimas semanas, en conversaciones con El Tribuno Campo, productores y asesores comenzaron a mostrar preocupación por cambios en este escenario.
En distintas zonas del NOA, particularmente en Salta, se comenzó a observar un aumento en las poblaciones de Dalbulus maidis y una mayor presencia de síntomas asociados al spiroplasma en los lotes de maíz. Lo que trasmiten productores y asesores, es que la situación no es uniforme y presenta diferencias marcadas entre zonas y entre lotes.
Marcelo Druetta, investigador y especialista en Achaparramiento del maíz del INTA Quimilí, explicó que el spiroplasma -que se conoce en el país desde principios de los 90- en la campaña actual presenta una característica distinta a la epifitia anterior (campaña 2023/24): una marcada variabilidad en la distribución de la enfermedad.
En base a recorridas recientes realizadas en Salta, Druetta describió comportamientos contrastantes. En el tramo comprendido entre Nuestra Señora de Talavera y Las Lajitas observó los niveles más altos de incidencia, con lotes que, por sintomatología, superaban el 20 %. En cambio, en zonas como El Galpón, Rosario de la Frontera y áreas cercanas a la ruta 34, los niveles se ubicaron por debajo del 10 %.
El investigador aclaró que estos valores corresponden a observaciones a campo basadas en síntomas y que luego se ajustan mediante análisis serológicos.
Según Druetta, es frecuente encontrar lotes contiguos con diferencias marcadas en el nivel de afectación. “Se pueden ver lotes con 50 % de incidencia y otros al lado con 5 % o 10 %”, señaló.
Este comportamiento se repite en Chaco y Santiago del Estero, donde también se observa una distribución heterogénea de la enfermedad.
La incidencia
El impacto productivo del spiroplasma está directamente relacionado con el nivel de incidencia. Druetta explicó que cada planta afectada corresponde a una espiga que no produce o lo hace con un rendimiento muy bajo.
En ese sentido, indicó que cuando se registran niveles de incidencia del 10 %, 15 % o 20 %, ese mismo porcentaje de espigas tendrá producción prácticamente nula o, en el mejor de los casos, entre un 20 % y un 30 % del rendimiento normal.
En un relevamiento reciente realizado sobre 39 lotes en Chaco, Santiago del Estero, Salta y Tucumán, la incidencia promedio por síntomas fue del 18 %.
El investigador señaló que estos valores no son inusuales en zonas endémicas como el NOA, donde niveles de 15 % a 20 % pueden ser habituales. Sin embargo, en esta campaña adquieren mayor importancia por el momento en que se produjeron las infecciones. Según Druetta, el daño que se observa actualmente está determinado por lo que sucedió en etapas tempranas del cultivo.
Desde el punto de vista productivo, estimó pérdidas promedio de entre 10 % y 15 %, con situaciones puntuales donde las caídas pueden alcanzar el 50 %.
En varios lotes evaluados, los síntomas comenzaron a evidenciarse cuando el cultivo alcanzó entre 80 y 90 días, con un freno en el desarrollo y en la formación de espigas.
El técnico también vinculó la situación con la presencia de maíces tempranos y explicó que, aunque en esos cultivos no siempre se observaron síntomas -debido a infecciones tardías-, sí actuaron como reservorio del patógeno. Esto permitió la multiplicación de Dalbulus y la generación de poblaciones infectivas que luego afectaron a los cultivos más tardíos.

Genética y respuesta
En el análisis a campo, técnicos de la región coinciden en que la genética del híbrido fue un factor determinante. Un reconocido asesor de la zona de Anta y el norte salteño señaló que los mejores comportamientos se observaron en materiales con mayor tolerancia. En esos casos, los niveles de daño se mantuvieron por debajo del 10 %. En cambio, en híbridos más susceptibles, especialmente templados, se registraron afecciones cercanas al 40 %.
El asesor destacó que la genética es un factor clave, aunque aclaró que la respuesta del cultivo también depende del momento de infección.
En cuanto al manejo, indicó que en muchos lotes se realizaron entre cuatro y cinco aplicaciones, con un promedio cercano a cuatro tratamientos. Según explicó, estas intervenciones pueden ser efectivas cuando las poblaciones del vector son bajas, pero a medida que la presión aumenta, los resultados se vuelven más erráticos.
Dentro de Salta también se observan contrastes. De acuerdo con el mismo asesor, en el norte la presión de la plaga fue menor y su aparición más tardía, en muchos casos con cultivos ya en floración, lo que permitiría esperar daños más acotados.
En cambio, en zonas como Las Lajitas y otras de Anta, donde hubo siembras más tardías, la presencia del vector coincidió con estadios vegetativos, lo que incrementa el riesgo de daño.
El monitoreo
Esteban Guerineau, asesor del sur de la provincia y de zonas de Anta, indicó que durante enero y gran parte de febrero las capturas en trampas fueron muy bajas, pero que en marzo se registró un aumento importante. Al mismo tiempo, advirtió que las trampas no siempre reflejan lo que ocurre en el lote.
“Hoy se ve mucha cantidad de chicharrita en el cultivo, más de lo que marcan las trampas”, explicó.
Guerineau también puso el foco en los maíces tardíos. En la zona de Las Lajitas, indicó que hay una proporción importante de siembras en fechas avanzadas. En esos lotes ya se observan síntomas en estadios reproductivos, lo que podría traducirse en pérdidas relevantes. En ese sentido, consideró que el impacto se va a evaluar con mayor claridad durante la cosecha.
Escenario variable
De acuerdo con los relevamientos y testimonios técnicos, la campaña presenta una fuerte variabilidad en los niveles de afectación. Según indicó Druetta, se trata de un año con buenas condiciones climáticas y potencial productivo, pero con presencia de la enfermedad en distintos niveles. En ese contexto, conviven lotes con comportamientos muy distintos, en función del momento de infección, la genética utilizada y la fecha de siembra.
Los técnicos coinciden en que tres factores explican gran parte de los resultados observados:
– Momento de infección
– Genética del híbrido
– Fecha de siembra
La combinación de estos elementos determina el nivel de afectación en cada lote.
Mirada a cosecha
Todos los consultados coinciden en que el impacto final de la plaga se va a cuantificar en la cosecha, momento en que se dimensionará con precisión el efecto del spiroplasma sobre el rendimiento de los distintos lotes de maíz de la región.
Por: Belisario Saravia Olmos, El Tribuno Campo, editor
Fuente: El Tribuno Campo




