El crecimiento productivo contrasta con un escenario de presión en exportaciones, heterogeneidad industrial y un consumo que no logra recomponer su perfil de valor.
La cadena láctea argentina cerró 2025 con una recuperación productiva marcada, aunque con tensiones crecientes en precios, consumo y comercio exterior.
En Claves del Campo (AM 840 – Radio Salta), Jorge Giraudo, director ejecutivo del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), señaló en la producción creció 9,7% y alcanzó 11.618 millones de litros, recuperando las caídas de 2023 y 2024 y superando incluso los niveles de 2022. El año comenzó con buen clima y relaciones favorables entre precios e insumos, lo que impulsó la productividad y consolidó un proceso de tecnificación que ya lleva varios años, con tambos de mayor escala, encierres y mejoras en manejo y bienestar animal.
Sin embargo, en el segundo semestre los márgenes comenzaron a deteriorarse. El precio de la leche creció por debajo de la inflación, mientras que los costos subieron con mayor intensidad. La relación leche–maíz, que al inicio permitía comprar casi 2,5 kilos de grano por litro, cayó a 1,7 hacia fin de año, reflejando un deterioro general de los precios relativos.
La explicación está en el origen de los ingresos de la cadena: 74% depende del mercado interno y 26% de la exportación. El consumo doméstico, que había caído fuerte en 2024, se recuperó en 2025 pero con un perfil más “primarizado”, volcado a productos básicos y no a los de mayor valor agregado. Al mismo tiempo, los precios internacionales de los lácteos cayeron cerca de 20% en el tramo final del año y el tipo de cambio perdió dinamismo, lo que redujo el ingreso exportador.
En la industria el panorama es aún más heterogéneo. Argentina tiene una estructura industrial muy atomizada y diversificada: la mitad de la leche se procesa en pymes, muchas de ellas orientadas a productos básicos. Entre las grandes empresas hay realidades dispares, con casos de dificultades financieras y otros de mejor desempeño, mientras que las multinacionales muestran una situación más sólida y aumentan su participación, en un proceso de concentración similar al que ocurre en la producción primaria.
El consumo interno, tras caer casi 10% en 2024, recuperó algo más de siete puntos en 2025, casi exclusivamente en volumen. Sin embargo, se profundiza una tendencia de años: menor compra de yogures en pote, postres, leches saborizadas y quesos duros, y mayor peso de leche fluida y quesos blandos. Con un consumo en torno a 190 litros per cápita anuales, el problema no es sólo la cantidad, sino la calidad de la canasta, condicionada por el poder adquisitivo.
En el plano internacional, Giraudo explicó que el aumento de la producción en Estados Unidos, Europa y Oceanía presionó la oferta, mientras que China -principal importador- redujo su demanda. Los precios cayeron con fuerza: la leche en polvo pasó de 4.100 a 3.200 dólares por tonelada entre mayo y noviembre. Para 2026 se espera menor presión de oferta y una demanda firme, lo que podría recomponer parcialmente los valores.
Sobre el acuerdo Unión Europea–Mercosur, el directivo advirtió que el mayor impacto no estaría tanto en los volúmenes como en las exigencias. La UE busca condiciones “espejo” en materia ambiental, sanitaria y de bienestar animal, lo que podría elevar costos. Además, las indicaciones geográficas amenazan nombres tradicionales de quesos locales, obligando a reconfigurar estrategias comerciales y de comunicación.
En las cuencas extrapampeanas el peso en volumen es bajo, ya que Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos concentran el 95% de la producción, pero Giraudo destacó el potencial de regiones como Salta si se dan condiciones competitivas. Argentina tiene ventajas comparativas —clima, suelos, conocimiento—, pero necesita menor presión impositiva, financiamiento e infraestructura básica, desde caminos rurales hasta electrificación.
La transformación tecnológica, afirmó, es un proceso irreversible. Los tambos de más de 10.000 litros diarios pasaron de ser 1% a 7% en 15 años y hoy procesan un tercio de la leche. Aunque desaparecen establecimientos a una tasa de 2,5% anual, la producción total crece por mayor escala y productividad, en línea con una tendencia global. “La posibilidad de crecer está para todos los que quieran, puedan y sepan incorporar tecnología”, resumió.



