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Boga: de especie nativa a alternativa productiva de escala🔊

La boga, tradicional de los ríos del Litoral, demuestra adaptación a sistemas intensivos y abre una oportunidad para diversificar la oferta de proteína de origen acuático.

El desarrollo de la acuicultura en Santa Fe suma una alternativa productiva con fuerte proyección: la boga (Megaleporinus obtusidens), especie nativa de los ríos del Litoral, de buena aceptación comercial y reconocida calidad nutricional. Ensayos del INTA y el Conicet muestran que puede alcanzar altos rendimientos productivos y económicos y adaptarse a sistemas intensivos con recirculación de agua (RAS), una tecnología que optimiza el uso del recurso hídrico y reduce impactos ambientales.

Pablo Collins, doctor en Ciencias Naturales e investigador del Conicet, explicó en el programa – Claves del Campo (Radio Salta – AM 840)– que estos sistemas permiten mantener condiciones óptimas de agua, aprovechar mejor los recursos y reducir costos. Señaló además que la acuicultura argentina aún tiene bajo desarrollo. “Existen experiencias valiosas, pero como país estamos retrasados. El desafío es que la producción sea ambientalmente responsable y también rentable para el productor”, sostuvo.

Las experiencias tradicionales se apoyaron en estanques de tierra o jaulas en ríos y embalses, modelos que pueden generar impactos. “El alimento no consumido y las excreciones enriquecen el agua con nutrientes, deterioran su calidad y aumentan el riesgo de eutrofización”, advirtió. Frente a esa limitación, el equipo avanzó hacia sistemas de alta densidad con recirculación.

En los RAS, el agua circula de forma continua por filtros biológicos que transforman compuestos tóxicos en sustancias menos nocivas. “Es un proceso biológico: los desechos se vuelven compuestos inocuos que incluso pueden aprovecharse como fertilizantes en horticultura”, detalló. El esquema reduce el impacto ambiental y habilita modelos productivos integrados.

Tras varios años de ajustes, los resultados son significativos. “Hoy trabajamos con entre 22 y 25 kilos de boga por metro cúbico”, indicó Collins. Al escalar esos valores, las proyecciones alcanzan unos 90.000 kilos por hectárea, una estimación prudente que ubica al sistema como una alternativa intensiva de alta productividad.

El diseño tecnológico buscó adaptarse a la realidad local. Se utilizan tanques australianos de 25.000 litros -aunque la escala puede variar- y biofiltros desarrollados por el INTA. El agua se recircula y sólo se repone la que se evapora. “Es un sistema de baja huella hídrica, viable incluso donde no hay disponibilidad para grandes estanques”, afirmó.

La elección de la boga respondió a criterios productivos y ambientales. Santa Fe combina inviernos fríos y veranos muy cálidos. “Probamos distintas especies y la boga mantiene actividad alimentaria desde los 10 o 12 grados, algo clave para sostener crecimiento y supervivencia”, explicó. El esquema contempla cría de alevines en sistemas pequeños bajo invernadero y posterior engorde en tanques mayores.

Collins remarcó que, además de lo técnico, es clave planificar el destino comercial. “Hay que definir desde el inicio cuánto se quiere producir y escalar en función de eso. El ciclo ronda el año”, señaló. Aun así, crece el interés de emprendedores de distintas regiones, incluso zonas alejadas como Tierra del Fuego.

El potencial de expansión territorial es amplio, especialmente en regiones con limitaciones hídricas. Con bajo consumo de pescado en la Argentina y presión creciente sobre la pesca extractiva, la acuicultura en sistemas controlados ofrece trazabilidad, previsibilidad y calidad sanitaria. “La boga en RAS es parte de un proceso mayor: incorporar la acuicultura al entramado productivo argentino con eficiencia, sustentabilidad y viabilidad económica”, concluyó.