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EVALUACIÓN Y REFLEXIONES SOBRE UN AÑO MUY DIFÍCIL 16-11-08
 

La 5º Jornada de la Cadena Agroindustrial Argentina, realizada el pasado martes en Buenos Aires, avanzó sobre una agenda de temas complicados, en el marco de un año muy difícil para el sector. Por Belisario Saravia Olmos.

Agro y ambiente, y su relación con el desarrollo sustentable, fue el primero de los temas abordados y tuvo por ejes centrales de discusión los efectos del cambio climático; las consecuencias de la intensificación de la agricultura y la experiencia internacional en materia de protección ambiental. La próxima celebración del Bicentenario también fue parte de la temática, al igual que los efectos de la actual situación económica mundial en nuestro país y América Latina.

 

La necesidad de promover una producción sustentable, en el marco de una demanda mundial creciente de alimentos y otros productos agroindustriales, sirvió de incentivo para que el Foro de la Cadena Agroindustrial Argentina considere prioritario impulsar un estudio sobre el posible impacto del cambio climático en la producción agrícola argentina. Se presentó un trabajo, coordinado por el profesor emérito de biología de la Universidad de Harvard Otto Solbrig y el ingeniero Jorge Adámoli, en el cual se analizan los posibles impactos que los cambios climáticos, físicos y biológicos han generado sobre la cadena agroalimentaria, así como los beneficios derivados esperables de un manejo eficiente y sustentable de los recursos ambientales; de esta manera procura dar respuesta al interrogante sobre el beneficio económico que puede derivarse de un manejo eficiente y sustentable del ambiente físico y biológico, a través las buenas prácticas agrícolas y forestales.

 

En su disertación, el doctor Otto Solbrig aseguró que “la ventaja comparativa de Argentina está en la agroindustria”, pero advirtió que los productores deben comprender que “el uso abusivo de los recursos naturales pone en peligro esa ventaja”.

 

El académico afirma que “es imperativo que se adopten buenas prácticas agrícolas. Estas no son recetas, sino actitudes que deben prevalecer. El agro- ecosistema debe mantenerse lo más cercano posible a un sistema natural, y conservar las reservas naturales”.

 

Solbrig -quien nació en Mar del Plata, pero desarrolló su carrera en los Estados Unidos- considera que se debe practicar el manejo integrado de plagas para reducir el impacto negativo de los pesticidas. “No tenemos que envenenar a la población utilizando demasiados agroquímicos”, afirmó, para luego agregar que “hay que proteger los cursos de agua superficiales y subterráneos de la contaminación de los agroquímicos, y es aconsejable reducir los combustibles fósiles”. Además, señaló que “se requieren reglas de juego claras y protección a los derechos de propiedad, que son muy importantes”.

 

El académico entiende que hay que tratar de intensificar en lugar de abrir nuevas tierras, “sobre todo en zonas como Chaco, donde hay mucha incertidumbre de cómo serán las precipitaciones en el futuro”. Aboga por el uso de las mejores tecnologías existentes y por el monitoreo de los cambios para saber lo que está pasando y poder reaccionar. “Hay que proteger la biodiversidad, mantener los servicios ecológicos y proteger humedades, claves en el manejo de la biosfera, y utilizar buenas prácticas agrícolas”, prosiguió Solbrig.

 

“El suelo debe protegerse por técnicas de cultivo conservacionistas, la siembra directa es importante, pero no la única. La extracción de nutrientes debe ser restituida con fertilizantes, inteligentemente, pero no pasarse al otro lado”, añadió. Asimismo, explicó que “en términos mundiales, tenemos mucha suerte ya que el efecto del cambio climático va a ser mucho más agudo en el norte. Pero tenemos un problema, si somos inteligentes y queremos mantener la productividad argentina hay que hacer algo. Si no hacemos nada, se espera una reducción del 2 % al 5 % de la productividad. No es un 50 %, no es un desastre, pero al país lo va a afectar seriamente”.

 

Mitos sobre el calentamiento global: el segundo panel de la jornada estuvo integrado por el ingeniero Eduardo Sierra, agro- climatólogo de la Facultad de Agronomía de la UBA, quien reflexionó acerca de las duda y certeza sobre el calentamiento global; y por la embajadora de Nueva Zelanda, Anna Louise Duncan, y el doctor Ernesto Viglizzo, quienes presentaron la experiencia internacional en materia de protección ambiental.


Sierra exhortó a “prestarle atención” a los cambios climáticos que puedan afectar a la agroindustria, pero cuestionó “versiones muy exageradas” que vaticinan un elevado aumento del nivel del mar, intensas sequías y otros cataclismos. “En los últimos años, parece haberse detenido un poquito el calentamiento global. Está bajando o al menos está estable, lo que marca una desaceleración del proceso. Los procesos naturales pueden no ser lineales”, indicó.

 

El director de la Maestría en Meteorología Agrícola de la UBA, dijo que el aumento del nivel del mar está en el 1 % de lo que dicen los medios. “Uno escucha una versión muy exagerada de lo que puede ocurrir. El efecto sobre el nivel del mar de los hielos flotantes sería de 6 centímetros. Y si bien los glaciares se están derritiendo, son el 0,46 % del hielo del mundo”, argumentó. “La posibilidad de que aumente el nivel del mar está en el Polo Sur, que representa el 90 % del hielo del planeta. Este núcleo no se está derritiendo, está estable, y hasta podría estar creciendo”, afirmó.

 

Sierra evaluó que “en un escenario de buenos precios internacionales, insumos bajos y buena política interna”, los cambios climáticos que se producirían en los próximos años “no tendrían un efecto tan grave, pero hay que prestarles atención”.

 

Respecto de la última campaña, el agro meteorólogo precisó que “fue bastante importante la disminución de las superficies sembradas con trigo, maíz y girasol”, lentamente se está produciendo una disminución de lluvias en el oeste. Tenemos que adaptarnos a esto”. “Si no nos preparamos, se puede disparar un problema serio. La ventaja de prestar atención los procesos de cambio climático es darle su verdadera dimensión. No va a subir la temperatura 14º, no se va a inundar la región pampeana. Pero estamos ante una disminución de lluvias que nos está restando superficie cultivable”, afirmó.

 

Por su parte, el ingeniero agrónomo Ernesto Viglizzo, Coordinador del Programa Nacional de Gestión Ambiental del INTA, aseveró que, en materia de contaminación, “tenemos que ser optimistas porque lo que se va proyectando y planificando es que estamos entrando en una era de la agricultura de precisión, mirada desde el punto de vista de varias tecnologías que se van a ir incorporando”. La tecnología en información, sensores remotos y otros mecanismos “van a tener un impacto positivo local sobre el ambiente”, evaluó.

 

“La expansión de la frontera agrícola genera cambios en la rentabilidad del ecosistema. Podemos desforestar y generar una tierra arrasada, con lo que la rentabilidad baja a cero, pero lo normal es que haya una conversión de tierras, para pastoreo o agricultura continua”, explicó Viglizzo. Para el profesional la expansión agrícola es un hecho inevitable. “En los últimos años, la soja es más rentable que trigo maíz y girasol, y éstos más rentables que la invernada, lo que propició un aumento de las tierras agrícolas”, describió.

 

El Foro ante el Bicentenario: uno de los módulos de la jornada fue dedicado a pensar hacia dónde deberíamos proyectarnos como país en vista a la celebración del Bicentenario. El rabino Sergio Bergman exhortó a “trabajar en el 2010 para celebrar el bicentenario en el 2016”, imitando a “nuestros hermanos de Chile, Brasil y Uruguay, sin utilizar la democracia para sostener nuevas formas de dictadura como tenemos en Venezuela o la casi secesión que hay en Bolivia”.

 

Bergman sostuvo que “en el 2010 no tenemos ninguna posibilidad de llegar en tiempo y en forma a una profunda reflexión de nuestro bicentenario, por ello, proponemos empezar a trabajar en el 2010 y, Dios mediante, con trabajo y esfuerzo de todos, llegar al 2016 y celebrar el Bicentenario. Nos deberíamos independizar ya no de España, sino de nosotros mismos”, señaló.

 

Según el rabino, “un país bendito como el nuestro, con absolutamente todo, su única maldición no es bíblica: somos nosotros, y no porque seamos malos, no porque no podamos, no porque no sepamos, no porque no tengamos la capacidad, sino que la tenemos que transferir de la excelencia que utilizamos para lo privado a lo público y a la República”.

 

“No sé qué mayores diferencias hay entre la justa reivindicación y lucha de la coparticipación y las retenciones, y aquello que en 1810 se discutía en el puerto de Buenos Aires”, puntualizó.

 

“Todo está en el porvenir, no tenemos que volver a empezar, tenemos que volver a retomar el origen. No tenemos que desechar la experiencia de los 200 años que vamos a cumplir, tenemos casi 100 años perdidos, pero eso tomémoslo como el capital de la memoria, que no es volver para atrás, sino no olvidar para no repetir”, afirmó Bergman.

 

El religioso concluyó remarcando que “como latinoamericanos, queremos volver a los principios de esa paz, ese amor y esa justicia de nuestros padres de la Patria y nuestros abuelos inmigrantes. Se trata de llegar a un bicentenario con amor a la Patria, para que la Patria viva no fuera, sino dentro de cada uno de nosotros”.

 

El documento final: al final de la Jornada, el Foro de la Cadena Agroindustrial Argentina dio a conocer un documento en el que hicieron pública su posición en relación con la situación general del sector.

 

“Han transcurrido ya casi seis meses desde que, muy a su pesar, los productores se vieron forzados a dejar lo que más aman y mejor saben hacer que es producir para salir a la calle a reclamar que no se concretara un aumento en los derechos de exportación que, tal como estaban diseñados, hubieran constituido un despojo establecido, para colmo, por medios manifiestamente inconstitucionales.

 

Tal reclamo, fue un verdadero clamor al que se sumaron amplios sectores de la sociedad, sin banderías políticas ni intereses particulares. Se trató de un reconocimiento a lo que se percibe como el gran pilar de la economía nacional, el campo y las cadenas vinculadas y un repudio a un estilo en la toma de decisiones, que ignora la opinión de quienes habrán de ser afectados por las mismas.

 

Todos sabemos cómo se resolvió el diferendo. En su límite más tenso, triunfó la institucionalidad.

 

Pero también creímos, quienes compartimos la cruzada, que habían triunfado la sensatez y el llamado a la reflexión y a la actitud conciliadora entre el Gobierno Nacional y los integrantes de los sectores productivos de nuestra cadena.

 

Desgraciadamente, nada de ello ha ocurrido. La situación hoy es, para el sector, mucho más grave de lo que era al tiempo de desatarse el conflicto.

 

Desde luego que la crisis internacional ha sido un componente sustancial en la emergencia, pero quienes la sufren dentro de la cadena, vienen soportando, desde el mismo momento del voto no positivo, una actitud francamente hostil y discriminatoria, como si se tratara de una sanción por la osadía de haber defendido lo que era justo.

 

Poco podemos hacer para modificar el escenario internacional pero estamos seguros de que afectaría menos si se encontrara el apoyo, la participación y la comprensión del Gobierno que es de todos los argentinos. También queremos que sea el nuestro.

 

Los productores rurales no son una oligarquía rentística, artificialmente enriquecida al calor de las necesidades alimentarias de sus compatriotas. Son los que invierten todos los años, con elevado riesgo, miles de millones de dólares en suelo argentino, movilizando a los servicios, la maquinaría, a los proveedores de insumos, y la industria agroalimentaria que permitió, entre otras cosas, sobrellevar y superar la crisis de principios del siglo que, sin el aporte del agro, podría haber derivado en un conflicto de magnitud inestimable.

 

Reclamamos que el Gobierno entienda que la agroindustria, como lo ha hecho la población, a la que no nos cansaremos de agradecerle por su acompañamiento incondicional, que somos la actividad económica más importante y movilizadora, no solamente desde el punto de vista económico sino hasta desde un enfoque cultural, basado en la defensa de un estilo de vida consustanciado con el interior más profundo, por el amor por la tierra y por el trabajo multiplicador y esforzado, cuyos frutos se vuelcan cada año al nuevo desafío de producir.

 

Nunca hemos pedido subsidios ni apoyos especiales, sólo reclamamos un sistema de reglas de juego justas, estables y no discriminatorias, dictadas por autoridades constitucionalmente facultadas para ello.

 

Peticionamos, con el derecho que nos da la Constitución, que se respete la facultad de ejercer industrias lícitas sin que para participar del negocio agrícola se requiera de una matrícula autorizante, o que para exportar o importar se necesite de una autorización especial.

 

No podemos aceptar que se establezca un régimen de sanciones que viola el principio, también constitucional, de garantía de defensa y de que no puede existir pena sin ley previa, emanada de autoridad competente.

 

La suerte de las exportaciones más importantes del país no puede estar atada al arbitrio de funcionarios que se arrogan facultades excepcionales reservadas, en muchos de los casos, a la propia Constitución y deciden, por sí y ante sí, quién puede producir, vender comprar, almacenar, exportar o ejercer cualquier actividad en el sector.

 

Con reglas claras, razonables, estables y no discriminatorias, quienes integramos este Foro estamos convencidos que la agroindustria puede crecer exponencialmente en los próximos años y entendemos que urge corregir el rumbo, más aún con el momento histórico que estamos viviendo. Argentina está en condiciones de renacer como una gran potencia alimentaria y agroindustrial.

 

Esperamos ser escuchados por las autoridades porque quienes formamos parte de los sectores nucleados en este Foro, palpamos a diario el sentimiento de los hombres y mujeres que constituyen la más amplia base del agro y sus cadenas vinculadas.

 

Por ello el Foro de la Cadena Agroindustrial Argentina sostiene, con fundamentos, que sólo saldremos de esta instancia comprometedora que se cierne sobre nuestro sector, a través del diálogo abierto y franco entre los ámbitos públicos y privados, destinado a enriquecer las políticas públicas, única alternativa capaz de construir consensos que transformen los conflictos en soluciones productivas y duraderas”.

 

El dato: la cadena agroindustrial argentina es la fuerza productiva de mayor importancia del país, con presencia y arraigo en todo nuestro territorio, la más grande generadora de empleo y divisas, la que abastece el consumo interno y la más competitiva internacionalmente, en más de 100 países con otras cadenas de valor. Representa el 36% del total de empleos de todo el país, el 45% del valor agregado por la producción de bienes y el 56% de las exportaciones.

 

Las opiniones:

 

"Mercosur débil" por Julio María Sanguinetti, ex presidente de Uruguay

“El Mercosur es un gran proyecto estratégico que, entre otras cosas, incluía el tener fuerza para negociar en conjunto en casos como el de esta crisis global que estamos atravesando. Desgraciadamente estamos con un Mercosur muy débil, que no ha sabido proyectarse hacia el exterior”.

 

“Estabilidad” por Jorge Castro, analista internacional.

 

“En los últimos 10 días la caída de los precios de todos los commodities han encontrado un piso porque reapareció la demanda china en el mercado mundial. Esto puede hacer presagiar un escenario más estable para este sector”.

     

 Fuente: El Tribuno Campo


 

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