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EL MINISTRO CABANDIÉ CALIFICÓ DE VENENO AL GLIFOSATO 20-05-20
 

El ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié, señaló que el “glifosato o veneno contamina las napas freáticas y se fumiga la cara de los niños en las escuelas rurales y las de los centros urbanos”.

El ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié, criticó el uso del herbicida glifosato, uno de los agroquímicos de mayor utilización en la agricultura. El viernes pasado, en el marco de una reunión virtual de la Comisión de Ambiente y Desarrollo Sustentable del Senado, el funcionario dijo que "el uso del glifosato contamina las napas freáticas" en el campo, lo que encendió la polémica con referentes del sector que calificaron de "imprudentes" y sin fundamentos sus declaraciones.


"Es cierto que la contaminación se produce, sobre todo en los grandes centros urbanos, pero también se produce en algunas zonas agropecuarias. Ustedes saben lo que significa el uso del glifosato, el paquete tecnológico en la pampa húmeda y más, porque producto del transgénico (por la soja resistente al herbicida) y el glifosato la frontera agropecuaria se extendió hasta provincias del NOA y el NEA", apuntó el ministro.


Y agregó: "Ese glifosato o veneno contamina las napas freáticas y se fumiga la cara de los niños en las escuelas rurales y las de los centros urbanos. Hay muertes producto del glifosato. Si hiciésemos un estudio de sangre, nos alarmaríamos fuertemente. Si hiciésemos un estudio de glifosato en nuestro plato de comida, nos alarmaríamos. Eso no tiene geografía, lamentablemente. Esto llega a todos lados, la contaminación tiene la característica de no tener lugar físico".


A partir de estas declaraciones, en el sector agropecuario comenzaron a producirse distintas reacciones en contra de las palabras del funcionario.


"Lamentablemente, en la Argentina, la creación del Ministerio de Ambiente ha sido un premio de consuelo político. La mayoría de los titulares no fueron técnicos especializados ni políticos con trayectoria en los temas centrales a su cargo. A veces, tampoco han consultado a expertos que dominen a fondo las problemáticas y se dejan llevar por dichos sin sustento científico", dijo Fernando Vilella, director del Programa de Bioeconomía de la Facultad de Agronomía de la UBA.


"Serían, además, cómplices si conocen delitos y no los denuncian como en este caso. Los temas ambientales son extremadamente importantes", remarcó Vilella.


Ante una consulta de LA NACION, desde la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) señalaron que la entidad "remarca la necesidad de que las regulaciones y fallos respecto de los productos fitosanitarios, especialmente su aplicación, se sustenten en una base científica sólida de modo de alcanzar la sustentabilidad. En este sentido, es importante ser cautos con ciertas afirmaciones y que las mismas se hagan en base a criterios sólidos y comprobables".


La entidad agregó que "reafirma su compromiso con la Agricultura Siempre Verde como forma de producir. A través de estrategias que prioricen la alianza con la naturaleza y del buen uso de las herramientas y tecnologías, continuando la misión de la institución de impulsar una agricultura cada vez más amigable con el ambiente y respetuoso de las personas".


Aapresid precisó que "esta Agricultura Siempre Verde apunta a promover la actividad biológica de los suelos a través de coberturas vivas que ayuden a mantener el equilibrio del ecosistema. Creemos es el camino hacia una agricultura sustentable, menos dependiente de insumos externos y capaz de producir alimentos sanos y seguros".


Desde la Federación Agraria Argentina (FAA) le respondieron a Cabandié y aseguraron que sus afirmaciones no ayudan para la interrelación entre lo urbano y rural. "El sector productivo se esfuerza por hacer su tarea de la mejor forma, con la mayor calidad y cantidad de producción, pero también de la manera más inocua y con el mayor cuidado del ambiente posible, en especial los productores pequeños y medianos", indicó Carlos Achetoni, presidente de FAA.


"Siempre se trata de trabajar con los demás sectores de la sociedad, mostrando las buenas prácticas agropecuarias que se hacen y todas las que se deben alcanzar para armonizar el desarrollo productivo, con la seguridad y soberanía alimentaria y el celoso cuidado del ambiente, con especial énfasis en el recurso hídrico", aseveró Achetoni.


Agregó que si hay casos puntuales de alguien haciendo las cosas mal son situaciones aisladas. "Pero me parece mal generalizar porque se pueden generar enfrentamientos inconducentes", añadió. "Vivimos y trabajamos en el campo, nuestra familia es del campo, somos los primeros en defender el cuidado del suelo, la tierra, el agua y el ambiente en que vivimos", remarcó el titular de FAA.


En tanto, el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Daniel Pelegrina, sostuvo que desde el sector ven "con suma preocupación que un funcionario público que ostenta el cargo de ministro pueda emitir una opinión infundada sin ningún sustento científico que puede tener consecuencias muy graves para la Argentina y su producción en un momento tan delicado de su economía".


Qué es el glifosato


A nivel mundial, Monsanto, firma que hace unos años pasó a ser controlada por Bayer, descubrió la molécula original del glifosato en 1969 y en el mundo se lo empezó a usar en 1974. Es un ácido que se formula como una sal para hacerlo soluble en agua. Las formulaciones comerciales constan de una sal de glifosato y un tensioactivo.


La Argentina representa menos del 10 % del consumo global (en el mundo son unos 2000 millones de litros al año según datos del mercado) de este producto.


El glifosato no es exclusivo de la soja. Se lo emplea tanto para otros cultivos a campo, actividades ganaderas, como en economías regionales donde también el objetivo es controlar malezas.


En el mundo el herbicida está aprobado en 160 países. En la Argentina se encuentra registrado en el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).


En 2015, un documento del Centro Internacional de Investigación del Cáncer (IARC), un organismo de la OMS, catalogó al glifosato como "probablemente cancerígeno". Sin embargo, al año siguiente la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) consideraron "poco probable" que el producto sea cancerígeno.


Fuente: La Nación

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