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HUGO ROSSI: “NUESTRO ADN ES LA MEJORA CONTINUA” 09-09-19
 

En una entrevista publicada en El Tribuno Campo, Hugo Rossi, presidente de Seaboard Energías Renovables y Alimentos, se refirió la situación por la que atraviesa la producción sucroalcoholera en el país.

En el marco del XXX Congreso Internacional de la Caña de Azúcar ISSCT 2019 realizado en Tucumán, El Tribuno Campo conversó con Hugo Rossi, presidente de Seaboard Energías Renovables y Alimentos, sobre la presencia de la compañía en el evento y la situación por la que atraviesa la producción sucroalcoholera.


 


¿Qué importancia tiene para Seaboard que este congreso se realice en el NOA?


 


En Seaboard vamos a todos los congresos de caña, al internacional que se hace cada tres años, a los que se hacen en Brasil, entre otros, y siempre llevamos a parte del equipo, porque creemos que es una gran experiencia para compartir y adquirir conocimientos. El hecho que se realice acá nos da una oportunidad única, porque nos permitió traer a 60 persona de la empresa, que en otras condiciones sería inviable. Así que tenemos el equipo de Argentina más grande participando del congreso.


 


Una oportunidad también para la compañía de mostrar su nueva imagen, su nuevo nombre…


 


Sí es una oportunidad para que nos vayan conociendo con el nuevo nombre. Por diversas circunstancias no participaremos del post congreso, entonces aprovechamos para “traer” la planta acá, por eso el stand es básicamente foto y vídeo, en los que mostramos lo que somos para que nos conozcan.


 


¿Con que objetivos se participa de este tipo de congresos?


 


Uno viene a estos congresos para ver cuáles son las últimas tecnologías disponibles, para ver qué es lo que se puede aprender y qué podemos mejorar dentro de nuestra filosofía operativa de mejora continua.


 


Lo que muestra el stand de la empresa tiene un gran componente industrial, ¿esto es un mensaje?


 


En realidad, es bastante más difícil mostrar la parte agrícola en fotografía o video, no es un mensaje en particular. Si bien tenemos muchas mejoras en la parte agrícola, nos concentramos un poco más en las industriales porque son más fáciles de transmitir audiovisualmente, los fierros son más fáciles de mostrar en fotos.


 


En el nombre Seaboard Energías Renovables y Alimentos, que energías renovables esté por delante de alimentos, ¿sí tiene un mensaje?


 


Exactamente, por eso si uno mide la cantidad de fotos que se muestran en el stand relacionadas con energías renovables son mayoría. Hay más de energías renovables que de alimentos.


 


A meses de haber hecho el cambio de nombre, ¿qué evaluación hace?


 


Muy buena, el nombre fue bien aceptado en todas partes. Siempre queda una cuestión nostálgica, histórica, con el nombre Tabacal. Pero el pueblo se sigue llamando Tabacal, el club de fútbol se sigue llamando Tabacal, la fundación se sigue llamando Tabacal. Una cosa es el nombre de lugar de origen y otra cosa es el nombre de la empresa. 


 


En este sentido, la marca de la azúcar se sigue llamando Chango…


 


Por supuesto, y el azúcar industrial se sigue llamando Tabacal, es marca.


 


El cambio del nombre nos da el respaldo global de ser reconocidos como una división más del accionista, de la compañía. Nos dan mucho más acceso a cuestiones de crédito y nos aleja de la imagen del tabaco -que en los últimos años ha tenido mala prensa-, de hecho, la primera reacción de los bancos era decir “una tabacalera no tiene crédito con nosotros”. Creo que el cambio es positivo en muchos aspectos, pero mucho más en la percepción del consumidor 


 


En el stand se hace hincapié en las distintas certificaciones con las que cuenta la empresa. ¿Hay una fuerte apuesta en este aspecto?


 


Sí. Nuestro ADN es la mejora continua y, dentro de eso, las certificaciones son grandes ordenadores y disciplinadores para nuestro trabajo; así que contamos con todo un set de certificaciones de primer nivel.


 


Con Bonsucro certificamos toda la cadena de valor, lo mismo ocurre con ISCC. Buscamos certificaciones completas, porque nos interesa tener toda la cadena de valor debidamente certificada


 


El mercado también demanda estas certificaciones…


 


Sí, el mercado lo pide. Aunque, a veces, no sé qué tanto lo reconoce. Muchas de las certificaciones empezaron por pedidos de clientes, pero va más allá del pedido del cliente, está en nuestro ADN hacer las cosas mejor cada vez y ese es el motivo fundamental.


 


¿Cómo evalúa la coyuntura por la que atraviesa el país?


 


Dificilísima, muy compleja. Además de la crisis general del país, que nos afecta como a todo el mundo con la caída del consumo (incluida el azúcar), está la crisis del sector que tiene distintos orígenes. Del lado de la azúcar el driver principal de la crisis son los bajos precios internacionales, que están oscilando en los US$ 0,11 la libra, mientras que allá por el 2011 se había llegado a US$ 0,37 la libra; y por ser un cultivo plurianual tiene una inercia muy particular y compleja.


 


Del lado de biocombustibles, hemos recibido un grado de ataque brutal. El 7 de noviembre de 2017, hace menos de dos años, vendíamos biocombustibles a US$ 945 el metro cúbico, hoy lo estamos vendiendo a US$ 435, estamos hablando de menos de la mitad. Eso, en nuestra ecuación económica, nos destruyó. Veníamos, de alguna manera, subvencionando las pérdidas de azúcar con biocombustibles y ahora, con estos precios, estamos en una situación muy muy mala.


 


Esto no tiene que ver con un valor surgido de la oferta y la demanda, sino con una fórmula impuesta por el gobierno…


 


Con una sucesión de fórmulas a la baja impuestas por el gobierno, con un posterior desconocimiento de las mismas fórmulas que impuso y un posterior congelamiento.


 


Hubo siete cambios de fórmulas, todas a la baja. Después se empezó arbitrariamente a definir el precio y ahora, en la última etapa, se lo congeló, lo cual es una locura completa.


 


¿La industria sucroalcoholera es sostenible en el tiempo con la pata del biocombustible tan golpeada?


 


En condiciones normales, en un país lógico, es altamente sustentable. Porque si la importación de biocombustibles le cuesta más a las petroleras que comprarlos localmente, es definitivamente sostenible. Ahora, es sostenible en un país en el que la presión tributaria es razonable, en el que las tasas de interés no son el delirio que tenemos en Argentina, entre otras variables que no funcionan como deberían funcionar.


 


En esas condiciones, con el nivel de inversiones que hicimos nosotros, somos totalmente competitivos, como cualquier país del mundo, sin ningún inconveniente. Está claro que somos sostenibles. El problema es que tenemos un país en el que, por una cuestión regulatoria, nos obligaron a vender a valores muy bajos y, además, tenemos que soportar tasas de interés delirantes y una presión impositiva fortísima.


 


Por: Belisario Saravia Olmos


 


Fuente: El Tribuno Campo

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