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MALEZAS: UN SISTEMA DE MANEJO 05-09-19
 

Hablar de control de malezas implica pensar en un sistema que contemple una planificación idealmente a tres años y que piense no sólo en las rotaciones de principios activos sino también las prácticas culturales que se implementarán.

El ciclo de granos gruesos comienza a perfilarse, y el paso previo indispensable es comenzar con el control de malezas, para llegar a la siembra con los campos limpios. Se trata de la etapa en que los productores realizan mayores inversiones y requiere estar atentos para conseguir los mejores resultados. “En algunas regiones, un control de malezas desacertado puede hacer perder la ganancia esperada por hectárea al ser necesarios repasos con más herbicidas”, recordó el Ing. Agr. Juan Caporicci, Gerente de Herbicidas de FMC Cono Sur, y aconsejó reconocer la historia de los lotes. “Si el año anterior se detectó la presencia de ciertas malezas, ya están en el banco de semillas del lote y este año volverán a aparecer. A diferencia de las enfermedades, en malezas, el manejo preventivo es una de las herramientas más contundentes para controlarlas”, indicó Caporicci.


El problema de malezas arranca desde marzo/abril -dependiendo de cada zona- y para implementar un manejo exitoso se piensa no sólo por año sino en un ciclo de al menos tres años.


Se puede sectorizar al país en tres zonas, a saber:


– Zona Sur de Buenos Aires: El mayor contratiempo es el Rye Grass resistente que puede llegar al sur de Santa fe y abarca regiones de Entre Ríos. “Aquí los productores pasan de invertir US$ 15 a 20 por hectárea para controlar sólo la rama negra, a sumar US$ 20 para el Rye Grass. Además, pueden aparecer crucíferas que marcan resistencias como Nabo, Nabolsa, Nabillo y que suman otros 15 a 20 dólares más por hectárea.


– Zona centro; contempla el sur, centro y norte de Córdoba y Santa Fe. En 60% de los lotes se ven malezas combinadas, entre ellas gramíneas resistentes a distintos principios activos y malezas de hojas ancha (principalmente Amaranthus). Aquí, al manejo tradicional de rama negra se agregan Amaranthus y gramíneas resistente (Eleusine sp y Echinocloa sp). “Necesita un tratamiento de 35 a 40 dólares/ha si arranca temprano, caso contrario deberá sumar un postemergente, que puede requerir otros 30 dólares extra”, alerto el Gerente de Herbicidas de FMC Cono Sur, recordando que la problemática tal vez implique también limpiar el lote con tratamiento de contacto.


– Zona norte: históricamente con problema de gramíneas primavero-estivales, algunas anuales y otras perennes. “Ahí el manejo es erradicar los manchones de perennes y aplicar residuales para las gramíneas en general cuya aparición se da de octubre en adelante”. Por otra parte, recordó sumar Amaranthus. “Todo esto sube los costos de producción con el agravante de que la rentabilidad es menor por distancia a puerto y productividad. Todo esto obliga al productor a ser más estratégico para ser sostenible en el tiempo”.


Para planificar el uso de los recursos disponibles con las estrategias antes descriptas, Caporicci recordó las propuestas de FMC. “En el sur para los barbechos que van a soja indicamos aplicar Command 36 (Clomazone). Además, la marca viene invirtiendo en el desarrollo de formulaciones y moléculas y pensando en la problemática del Rye Grass, en el corto plazo habrá soluciones especiales”.


Para el escenario de Zona centro aconsejó: “Tenemos Shark (Carfentrazone) para el manejo de crucíferas resistentes en trigo y para barbechos. También venimos desarrollando estrategias de manejo de malezas y contamos con una gran batería de herbicidas en base a Sulfentrazone, que combinados con otro activo retrasa y/o o previene la resistencia. FMC da la solución en un producto solo como Capaz Elite y Capaz MTZ”, dijo.


Finalmente, respecto de la Zona Norte recordó que “sigue estando Carfentrazone y otro actor que pisa fuerte es Command 36 (Clomazone), un preemergente residual que anda bien para amplio espectro de gramíneas. Se lo puede combinar con otras estrategias si aparece Amaranthus”, detalló. De esta manera, para cada región, hay una molécula de FMC que puede convertirse en la solución.


Finalmente, recordó que la química es hoy una herramienta muy buena pero no es la única estrategia. “Sin duda el avance de la química va a aportar muchísimo a la agricultura, con nuevas formulaciones y principios activos. Las empresas invierten, en especial FMC que destina un 8% de sus utilidades para nuevos desarrollos. Luego está también el aporte de la biotecnología con cultivares resistentes y el manejo del sistema de producción para ver cómo se articulan los distintas estrategias, herramientas y prácticas culturales para pensar en manejos sustentables”, concluyó.  


El nuevo panorama que plantean las malezas en la práctica diaria revaloriza la figura del agrónomo que es quien conoce la productividad y adaptabilidad de cada cultivo en cada región, y conoce a fondo las malezas, su ciclo de vida y cómo le impactan los cultivos de servicio en cada caso, entre otras cosas, y con toda esa información puede armar una estrategia eficiente (que controle) y sostenible (económicamente).


Fuente: FMC

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