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LA GANADERÍA NECESITA DE LAS LLUVIAS PARA SALVAR EL AÑO 26-03-18
 

La seca en algunas zonas pone al sector en una posición difícil de cara al invierno. Por la falta de agua aún no se pudieron acopiar reservas para los meses sin pasturas.

Precios planchados, insumos que suben al ritmo del dólar y costos operativos que se disparan junto con la inflación son los ingredientes de un cóctel que se puede tornar explosivo si las lluvias tardías no llegan para apagar el incendio que amenaza con reducir a cenizas la rentabilidad del sector ganadero de Salta. Un sector con un enorme potencial pero con trabas que llegan, la mayoría, desde el otro lado de las tranqueras.


"En Salta la ganadería creció de manera constante en las últimas décadas, aunque con una mayor intensidad hasta el 2008 y un amesetamiento en los últimos 10 años durante los cuales, si bien se aumentó, la tasa anual de incremento del stock bovino fue del 3%, marcado principalmente por las trabas para crecer en pasturas implantadas a causa del Ordenamiento Territorial", consideró la ingeniera zootecnista y asesora de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícolal (CREA) Anta, Sofía Padilla.


En diálogo con El Tribuno, la profesional indicó, además, que "el negocio ganadero ha sido visto como una oportunidad en los últimos años" y que algunas de las razones para ello son el mejoramiento en el precio del producto (precios de la hacienda en general), una necesidad de buscar alternativas en las superficies agrícolas marginales y buscar diversificar los portfolios de negocios de las empresas.


Salta es una provincia principalmente criadora, con un alto stock de vacas (40% del total), pero debido al precio de los commodities en general y la distancia al puerto para su comercialización, los productores medianos a grandes empezaron a incorporar granos al sistema ganadero, desarrollando recrías e invernadas para realizar el ciclo completo y agregar valor a las producciones.


En Anta, corazón de la ganadería de la provincia, la sequía se suma a un combo de variables que atentan contra la actividad y pone en riesgo la campaña 2017/2018 para el sector en Salta. La falta de precipitaciones durante la primavera y en el inicio del verano afectó las pasturas en la zona pero, más preocupante aún, retrasó la producción de granos para silaje o forraje, lo cual amenaza las reservas para alimentar al ganado en la temporada de invierno, cuando los suelos no cuentan con humedad para producir pasturas que alimente a los animales.


El presidente del Grupo CREA Anta, Matías Michel Torino, anticipó en diálogo con El Tribuno que "estamos en un año muy complicado por la falta de precipitaciones".


"Más o menos se puede decir que estamos un 40 por ciento por debajo del promedio de lluvias, con un aproximado de 370 milímetros para lo que va de la campaña que arrancó en julio del año pasado. Es una situación muy complicada", advirtió.


Sin embargo indicó que hubo "un evento importante de lluvia a fines de enero y otro, aunque de menor intensidad, sobre el cierre de febrero y, recién desde ese momento, empezó a haber pasto normal".


"Desde los meses anteriores, o sea la primavera hasta enero, estuvimos muy complicados y aplicando medidas para atemperar los efectos de la seca, como destete precoz, venta anticipada de hacienda, cambios de lote y suplementación de rodeos de cría”, comentó Michel Torino y agregó que “en febrero hubo un rebrote de pasto importantísimo, al igual que en marzo, lo cual nos da una idea de normalidad para la campaña, pero que termina siendo una producción de pasto que es mucho menos de la mitad de la del año pasado”.


“Estamos pasando febrero y marzo casi con normalidad, pero comiéndonos el diferido que no va haber en invierno”, lamentó y agregó que “en la parte agrícola también estamos con cultivos atrasadísimos y esto también tiene que ver con ganadería, porque todos los cultivos para reserva (maíz, sorgo para forraje o maíz para grano) vienen atrasados”.


Esta situación impactará en una menor producción de forraje, cuya consecuencia es la menor producción de carne. “El problema es cuando se llega al extremo de desprenderse de las vacas, que es lo que el ganadero productor de cría más cuida”, advirtió Michel Torino aunque aclaró que “aún estamos lejos de eso”.


No obstante, ante esta sequía y ante un invierno que se puede presentar seco, el productor adopta medidas preventivas como el destete precoz y ventas anticipadas de hacienda para disminuir el consumo de forraje y reservarlo a las categorías que se necesitan cuidar, que son las vacas. “De ahora en adelante el tema sería cómo armarse de reservas para enfrentar un invierno y una primavera que en esta zona son de poco forraje”, indicó el titular del CREA Anta y señaló que “al haber poca superficie de pasturas, lo único que nos está quedando es hacer reserva forrajera”.


Costos en alza, eficiencia en baja


Las complicaciones climáticas para la ganadería se dan en un contexto que se va ajustando cada vez más, con costos siempre crecientes y precios de venta que no suben lo que sube la inflación. “Casi todas las categorías el año pasado subieron alrededor del 15 al 18 por ciento contra 25 de inflación, así que nos está ajustando muchísimo el margen”, dijo Michel Torino y agregó que el mayor problema se presenta en los feedlots, donde ya hay números en rojo. Este año directamente no conviene encerrar”.


Por otro lado explicó que, en cuanto a cría, “los números son cada vez peores y están muy justos” y que la única forma de superar ese obstáculo “es producir mucho pero, en año seco, esto no es posible”, por lo que “no pinta bien la campaña”.


En este contexto, la eficiencia productiva necesita mejorar sus índices, aunque las condiciones no ayudan.


“Hoy la provincia presenta una eficiencia productiva del 46% en cría (máximos del 64% y mínimos de 16%)”, manifestó Padilla y explicó que esto “nos está marcando que existe un potencial de crecimiento de la mano de una mejora en la eficiencia productiva en todos los estratos productivos”.


La especialista indicó que “para esto una mejora en la planificación forrajera (incorporación de pasturas, suplementación estratégica, manejo del agua, etc.) y la capacitación, formación y motivación del personal de campo son los puntos más relevantes que los productores marcan como necesarios trabajar tranqueras adentro para mejorar la productividad”.


“Tranqueras afuera -agregó- los problemas vienen dados por una industria frigorífica deficiente, pocos canales de comercialización e insuficiente e inadecuada infraestructura vial y de servicios básicos en las zonas ganaderas, sumado a la alta conflictividad social por la tenencia de la tierra.


Precios y rentabilidad


La ganadería bovina mejoró su rentabilidad en los últimos años, principalmente por un mejor desempeño en los precios de la hacienda. Pero en la actualidad los márgenes “son más ajustados por un estancamiento en los precios relativos y una suba en los costos del gasoil, personal y maíz”, consideró Padilla.


“Sin embargo la ganadería es una actividad con rentas del tres al seis por ciento (sobre el capital total afectado) según los sistemas, resultado acorde al mediano y bajo riesgo que se asume”, explicó la ingeniera zootecnista.


Por su parte, Michel Torino indicó que “los precios de venta están retrasados por razones que desconocemos”, pero está claro que “tenemos un desfasaje importante ya que el gordo (categoría de novillo destinado a la faena) no acompañó la inflación. En el sector estamos muy preocupados por esta situación”, sentenció.


El rol de la ganadería


La región es una de las más pobres y vulnerables del país. La semana pasada, el Indec difundió los índices de desocupación y Salta, con un 8,3%, encabeza el desempleo en el NOA. “La ganadería tiene la particularidad de generar el arraigo de la gente en el interior de la provincia, por lo que generar y fomentar el desarrollo de esta actividad productiva y económica en esos sectores es fundamental”, consideró Padilla y estimó que “esto permitirá el desarrollo económico y la inclusión de las zonas más olvidadas de Salta”.


Finalmente, consideró que lo más importante para que esta actividad desarrolle todo su potencial es “contar con reglas claras, que exista seguridad jurídica para poder concentrarse tranqueras adentro buscando la eficiencia en nuestras producciones y motivando inversores internos y externos para desarrollar la actividad”.



 


 Lechería, con números en rojo pero con optimismo


 La lechería es una actividad con grandes oportunidades que permite transformar granos y forrajes en leche, agregando valor y generando riqueza y desarrollo territorial ya que genera muchas fuentes de trabajo.


En el Valle de Lerma, donde se da la casi totalidad de la actividad en Salta, también actúa en forma sinérgica con los cultivos tradicionales como el tabaco, siendo la labor que mejor rotación permite para ser sustentables en el uso de los recursos no renovables como es el suelo. Sin embargo, la situación económica y financiera de la lechería es muy complicada.


Los productores tamberos siempre tienen expectativas de crecimiento, pero actualmente la actividad apenas subsiste.


Son varios los factores que confluyen para que hoy la ganadería orientada a la lechería no pase por un buen momento en Salta. La situación climática de exceso de lluvias en la zona productora, sumada a la suba de los costos de producción para la actividad, principalmente los granos y subproductos para la alimentación del ganado (que se lleva entre el 45 al 50 por ciento de los costos totales). "Hasta hace poco, con un litro de leche el productor compraba entre 3 y 3,5 kilos de maíz (principal fuente energética); ese indicador hoy bajó a 2", indicó a El Tribuno Martín Gana, asesor del Grupo CREA Valles Templados.


Gana agregó además que "el ex peller de soja (principal fuente proteica), se compraba 1,36 kilos en promedio y, en algún momento se llegó a comprar 2 kilos, con un litro de leche, pero ahora no comprás ni uno".


"Si a esa relación insumo-producto le sumás el tema del clima, y que las vacas están terminando sus lactancias y que aún no hubo pariciones, hoy hasta los tambos que son eficientes están en una complicadísima situación financiera", advirtió el especialista antes de aclarar que "a estos costos hay que sumarle que en poco tiempo comienza la picada del maíz para silo y hay que afrontar ese costo".


El asesor indicó que "en general el ánimo de los productores no es el mejor, porque es una actividad con mucho uso de mano de obra y de gran aporte de capital y la gente está cada vez menos receptiva a este tipo de trabajos".


"Asimismo es una actividad muy demandante en tiempo de gerenciamiento y muchas veces, como hoy, la ganancia es magra", consideró.


Pese al mal momento, Gana destacó que "el sector confía en que la situación puede mejorar y que la clave para saltar las crisis es la eficiencia tranqueras adentro, ya que los productores que son eficientes y tienen escala, cuando la actividad entra en un buen momento andan bien".


Si bien en Salta la lechería no alcanza el 0,5% del mercado nacional, uno de los puntos a favor es que es una actividad sinérgica con otras, principalmente el tabaco.


Caprinos y ovinos: mucho por mejorar


La ganadería caprina en la provincia experimenta un estancamiento en general, aunque en algunos departamentos hubo un magro incremento en lo que respecta al stock de animales.


 "Los indicadores productivos son muy bajos y, por lo general, responden a limitantes nutricionales y de manejo, y no así en cuanto a la genética", manifestó a El Tribuno Marcela Martínez, Ing. Agr. MSc. del Grupo de Trabajo de Producción Animal del Inta Salta, quien aclaró que la genética en sí no es un problema, pero está muy por debajo de las prioridades para el sector porque aún no se hacen bien los aspectos básicos".


En este sentido, Martínez destacó que "a pesar de seguir siendo el ganado criollo la base productiva, existen otras herramientas en las que trabajar para aumentar la eficiencia de los sistemas".


En cuanto a los ovinos, si bien en la escala de pequeños productores sigue estable el stock al igual la cantidad de explotaciones, "en los últimos años han emergido varios productores medianos a grandes que se han iniciado en la actividad de manera de diversificar sus unidades productivas y -en algunos casos- hacer productivas pequeñas extensiones de tierra por lo general asociadas al Valle de Lerma y la zona de Anta", indicó la profesional del Inta.


"La actividad, independientemente de la escala productiva, se basa en la producción de carne exclusivamente", dijo y comparó que "a diferencia de lo que ocurre en el sector caprino, la genética se encuentra presente en estas nuevas explotaciones. Sin embargo, aún se desconoce lo que refiere al manejo de la especie".


Presencia en todo el territorio


La actividad tanto caprina como ovina se encuentra distribuida en todo el territorio salteño: "Ambas especies se adaptan a regiones donde el ganado bovino no podría prosperar".


"De estas dos, la cabra es la que por su rusticidad prevalece en las zonas áridas", indicó Martínez y señaló que "la producción caprina puede ser identificada a gran escala en dos regiones de la provincia. Por un lado en los Valles Calchaquíes, con producción de leche y queso y con un subproducto de cabritos lechales. Mientras que la producción de carne se concentra tanto en la región chaqueña norte como sur, siendo el departamento Rivadavia el que presenta la mayor cantidad de cabezas en la provincia".


Martínez consideró que, para crecer, "se necesita pensar en estas actividades como en alternativas productivas, con la seriedad que se merece, con la formalización de todos los eslabones de la cadena. A su vez, es preciso trabajar para una ganadería inclusiva para los pequeños productores".


"Trazar políticas públicas y diseñar herramientas que puedan acompañar su realidad sin que pierdan sus orígenes pero que, al mismo tiempo, hagan de estas actividades una fuente de ingresos seguros y sus productos sean comercializados un precio justo resulta un gran desafío", consideró finalmente.


Por: Darío Pérez 


Fuente: El Tribuno


 


 

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