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GENÉTICA, CARNE Y ENERGÍA, INTEGRACIÓN DE PUNTA A PUNTA 09-01-18
 

Piggyland es la granja porcina, de 1.300 madres, de Estancias y Cabaña Las Lilas en San Antonio de Areco. Allí, transforman el maíz en carne y el estiércol en energía.

El consumo de cerdo en Argentina viene en franco crecimiento en los últimos años y los productores rurales ya tomaron nota de los cambios de hábitos de los consumidores. Y si de carne se trata, Estancias y Cabaña Las Lilas sabe mucho. Además de la marca registrada en carne vacuna, es reconocida por la calidad de su genética y el manejo ganadero en sus campos.


Así, unieron dos cabos sueltos. Por un lado, aprovecharon el conocimiento adquirido de tantos años de trabajo en bovinos y, por otro, supieron leer el pujante negocio del cerdo que se abre paso en el país.


De esta forma, en el año 2013 comenzaron a analizar la factibilidad de construir una granja porcina en San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires. Y avanzaron en tiempo récord. Piggyland, la granja de cerdos de Las Lilas funciona desde mediados de 2015.


Para ellos, el negocio de los cerdos también funciona en tres dimensiones, imitando al vacuno. Comercializan carne en fresco, venden genética y canalizan una proporción de las reses a través del restaurant “Estancias y Cabaña Las Lilas”, que está en Buenos Aires.


“Luego del análisis del proyecto, los directivos de la empresa no lo dudaron- dice Oscar Ratto-. Detectaron que en el negocio de los cerdos y en el consumo en fresco de esta carne en Argentina había una oportunidad estratégica. Además, era otra forma de seguir generando valor agregado a través del consumo de más maíz”.


Oscar Ratto es el gerente general de Piggyland. Él es licenciado en economía y desde el año 2003 trabaja en la empresa. Fue quien presentó el proyecto de la granja hace cuatro años. Sobre la inversión, agrega que se dividió en dos etapas: la primera que se terminó en 2015 y la segunda que estaría concluida para el 2021.


En la primera etapa, detalla, se construyeron doce galpones sobre 35 hectáreas dentro de un campo de la empresa que tiene mil hectáreas.


Los galpones abarcan 17.000 metros cuadrados: ocho están dedicados a la terminación y otros cuatro destinados a la maternidad, recría y genética, armando, de esta forma, un modelo de gestión productivo.


“El plan final de la granja es con 2.500 madres. Esa es nuestra meta máxima pensada a cinco años. Comenzamos a mediados de 2015 con 1.000 hembras y hoy tenemos 1.300. Vamos creciendo de poco. Espacialmente, al lado de la granja reservamos otro lote, de similares dimensiones al actual, hacia donde planeamos ampliar el proyecto”, comenta el gerente.


Para ellos, en la genética hubo un punto de partida a partir del cual también decidieron hacerse fuertes. Ratto recuerda que para formar el plantel de 1.000 madres partieron de 480 abuelas. Y, desde el primer momento, apostaron a la genética holandesa y a la inseminación artificial, como tecnología, para lograr los objetivos reproductivos de una granja premium. Así tienen cerdas que paren hasta 16 crías por parto, aunque el promedio de criados vivos por hembra está en trece cerditos. La genética de Topigs Norsvin la traen desde el centro de inseminación que la firma holandesa tiene en Río Cuarto.


“Nos posicionamos como un criadero multiplicador, vendemos genética a otras granjas, vendemos carne, y reponemos un 35% anual de madres del plantel”, explica Ratto.


Luego de un año y medio desenvolviéndose en este negocio, coincidente con el final de 2017, es buen momento para hacer balances. Sin embargo, el gerente es cauto al respecto. Sabe que están construyendo un modelo sólido y los resultados parciales se lo van demostrando, pero también quiere esperar “a estar en régimen”, manifiesta. Esto quiere decir, según explica, que se cumplan los tres años necesarios para que las hembras del plantel alcancen su óptimo reproductivo. “Recién tendremos los resultados para hacer balances este año”, sostiene.


Piggyland empezó a jugar fuerte con este modelo, aunque Ratto reconoce que los vaivenes propios del sector como así también los ambientales, haciendo clara alusión a las inundaciones que afectaron a muchas regiones de la zona central, hacen a las marchas y contramarchas para avanzar. Lejos de amilanarse y mientras van consolidándose pensaron en la energía.


“Estamos muy entusiasmados ya que los primeros días del año, los obreros retomaron los trabajos de terminación de los cuatro biodigestores que estamos construyendo para producir biogás y luego energía eléctrica. Suponemos que estamos a solo veinte días de la inauguración de este importante paso. Inicialmente nos proveeremos de la energía calórica necesaria para la maternidad y luego de la eléctrica para toda la granja”, dice, respecto a la planificación general de ser autosuficientes energéticamente.


La creación de este modelo de negocio multidimensional que tiene a la comercialización de carne en fresco como columna vertebral fue bien pensada. A pesar de la presión que existe en el mercado local por la importación de esta carne, esto no le preocupa a la empresa.


“Nosotros producimos carne para consumo directo y la que se importa viene congelada y termina en la fabricación de chacinados. Apuntamos a mercados distintos. No competimos, por eso nuestro objetivo es seguir ofreciendo a nuestro mercado local y al mundo, productos de calidad y servicios que sean referencia a nivel global”, advierte el gerente.


Detrás de esa calidad que alienta Ratto está el maíz, el cereal estratégico y básico en cada producción animal. “Por año, en la granja consumimos 4.000 toneladas que traemos desde los campos base que la empresa tiene en la localidad de Pasteur, a casi 300 kilómetros de San Antonio de Areco. Esa cantidad se transforma en 3.500 toneladas de carne de cerdo que vendemos”, describe. Y en la búsqueda de transformarse en referencia mundial en materia de servicios está en el equipo de trabajo.


“La granja tiene un grupo de 23 personas entre profesionales y operarios. Para nosotros fue todo un desafío armarlo, que se entiendan y coordinen acciones de trabajo. Ellos representan los pilares de este negocio porque son los que están en la diaria y abocados de lleno al trabajo con los animales”, concluye Ratto quien trae mucho de su esencia deportiva y de superación al gerenciamiento de la granja. El, hace un poco más de veinte años, fue uno de los velocistas argentinos seleccionados para participar de los juegos olímpicos de Atlanta 1996.


Inversión, tecnología, trabajo y visión, algunas de las cartas fundamentales de esta empresa argentina centenaria.


Por: Pablo Losada


Fuente: Clarín Rural

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